Home » Ecología y ruralidad » Arquitectura Low-Tech y casas castellanas: volver al inicio

Arquitectura Low-Tech y casas castellanas: volver al inicio

portada arquitectura low-tech

⏰ Tiempo de lectura: 6min

Nico Rodriguez Aldama

Arquitectura sostenible

A día de hoy, el modelo de las grandes ciudades y el modo de vida de quienes las habitan está planteado desde un punto de vista muy poco sostenible y nada ecológico; estamos muy lejos de ser autosuficientes y de no generar más residuos de los estrictamente necesarios. 

Además, el frenético ritmo de vida de las personas, la inflación de los alquileres y las largas distancias -que obligan a depender del coche o del transporte público- no permite a la gran mayoría de la población urbana una vivienda digna. 

La contaminación, la prisa, la precariedad de la vivienda..todo suma y hace que la vida en las grandes aglomeraciones (ciudades) sea cada día más hostil e insostenible, que el bien común desaparezca y el individualismo prolifere entre la masa.

En términos de arquitectura, una arquitectura sostenible es aquella que garantiza el bienestar y desarrollo de los ciudadanos, pero que posibilita, al mismo tiempo, el desarrollo de las generaciones venideras y la integración en los ciclos vitales de la naturaleza necesarios para su supervivencia (ciclo del agua, carbono…). En los útlimos años, cada vez se habla más en el sector de cuestiones como el ahorro energético,  la construcción con materiales recilados…en definitiva, cada vez se habla más de arquitectura sostenible.

No estamos cerca de conseguir una sociedad más sostenible dentro de las ciudades en lo que a arquitectura se refiere, pero en materia ideológica estamos empezando al menos a ver cambios.

COVID: renovación de valores

Gracias a la situación que estamos viviendo actualmente la mentalidad está cambiando a mejor. Por ejemplo, gracias a la pandemia la vivienda se ha revalorizado (ya no es ese sitio que simplemente se utiliza para dormir); el espacio público se ha revitalizado (la gente está saliendo a los parques y plazas como nunca se ha visto) y, además, el mundo rural ha dado un paso al frente y se ha posicionado como una alternativa muy interesante al exuberante y desmedido turismo al que estábamos acostumbrados e incluso como una opción de vida.

Con el COVID, se nos plantea una oportunidad única de cambiar un problema que era como una gran «pelota» en movimiento, muy difícil de parar. Quizá sigue siendo imposible parar eso que conocemos como “progreso”, pero ahora que su marcha se ha ralentizado podemos conducirlo poco a poco a buen puerto. De haber un momento oportuno, sin duda es éste.

Aunque, como digo, la vida en el campo se ha «revalorizado» últimamente, la despoblación de los pueblos de Castilla y León sigue alcanzando números alarmantes y eso tampoco es buena señal. Los problemas que plantea la vida en el campo pasan por la mala cobertura de las telecomunicaciones (cobertura 4G o fibra óptica), los equipamientos y las dotaciones están muy dispersas (en el caso de la sanidad resulta muy difícil dar asistencia a esas personas que se encuentran en los núcleos más aislados o en menor medida los colegios e institutos), además, la población está muy envejecida y hay muy pocas familias que vivan en los pueblos. 

La pureza de la naturaleza: la felicidad del pueblo

atardecer en el campo

Son muchas las cosas buenas que un pueblo nos puede ofrecer, es una realidad que la vida rural esconde muchos de los secretos para llevar una vida más sana y plena. En cierto modo, nos acerca un poco a lo que en esencia somos, es decir, nos pone los pies en la tierra y nos hace conscientes de las pocas cosas que necesitamos para vivir y desarrollarnos como personas. En las ciudades, por ejemplo, necesitamos muchas más cosas para divertirnos y entretenernos; casi todas falsas necesidades que nos meten a través de la televisión o internet. Cuando vamos al pueblo -o al campo, los que no tienen pueblo- es como que todas esas cosas banales quedan a un lado, quién no ha tenido esa sensación de alivio alguna vez al retomar el contacto con la Naturaleza después de un tiempo desconectados de ella.

Todos necesitamos un sitio así en nuestra vida, un lugar donde refugiarnos de lo que nos atormenta, donde poner paz a esa ajetreada vida, donde olvidar por un segundo los problemas que nos rondan por la cabeza, y es curioso porque ese lugar tan personal, normalmente, está en contacto con la naturaleza, suelen ser sitios escondidos, con bonitos paisajes, una puesta de sol desde un acantilado mirando el mar y escuchando como rompen las olas, una orilla de un río entre chopos y el agua corriendo entre las piedras… Esa relación entre el ser humano y la naturaleza en las ciudades no existe; puede darse, pero de manera muy aislada;  al contrario que en los pueblos, que se relacionan mucho más con ella, haciendo que los espacios tengan mucha más armonía con lo que le rodea. 

Rural, clever

Cuando pensamos en calidad de vida habitualmente se nos vienen a la mente avances tecnológicos que nos hagan la vida más cómoda, pero yo creo que la calidad de vida no es eso. Poder ir en bicicleta al trabajo o al colegio, y sobretodo no tener que emplear hora y media de tu día en el metro o bus; poder ir a comprar frutas y verduras de la zona a un mercado de tu barrio; que tus hijos puedan ir solos al colegio sin peligro y sin que tengas que depender del coche para ir a buscarlos; un barrio con calles sin mucha contaminación, con zonas arboladas, parques y plazas, sin mucho ruido…; eso es, realmente, calidad de vida. Y quizá aún hoy se valoran poco estas cuestiones, que por motivos obvios son más fáciles de encontrar en núcleos de población reducidos.

Lo que no podemos negar es que la vida en el campo se adapta mucho mejor a las necesidades humanas, o, al menos, lo hace de una manera más sostenible y práctica. En los pueblos nos llevan mucha ventaja, por ejemplo, en la gestión de recursos, ya que se aprovecha casi todo fomentando la economía circular (que parece un concepto nuevo, pero en realidad existe hace tiempo). Por ejemplo, los restos orgánicos se aprovechan para dar de comer a los animales o se pueden compostar para utilizar más adelante en el huerto. Esa mentalidad de aprovechamiento de todo de lo que se dispone suele caracterizar la vida rural (también se ve, por ejemplo, en la gastronomía tradicional) y marca la diferencia.

Siguiendo esta misma línea, si analizamos de manera muy general la arquitectura popular de los pueblos castellanos, todas las construcciones tienen similitudes entre sí sin tener una base teórica establecida, existen unas características generales comunes a todas.

Estrategias arquitectónicas para un clima extremo

En el ámbito rural los condicionantes externos del lugar dan forma y materialidad a la arquitectura; el clima, la geografía o la vegetación son algunos de los agentes más condicionantes. Además, se aplica un sentido utilitario muy riguroso (funcionalismo); la casa se entiende como habitáculo de hombres, animales y como almacén.

Clima extremos meseta

Castilla tiene un clima muy extremo, las temperaturas oscilan mucho tanto durante el día (gran diferencia de temperatura entre el día y la noche) como en las estaciones (verano caluroso y seco mientras el invierno es frío). Es por esto que las construcciones se dotan de muros anchos que le aíslan del exterior, de materiales que captan y retienen el calor exuberante del día y lo liberan por la noche (este fenómeno se llama inercia térmica). Los huecos o ventanas son pequeños para evitar que las temperaturas exteriores penetren dentro y como los muros tienen bastante espesor protegen de los vientos y del sol en las horas más calurosas; todo tiene su porqué. 

Lo cierto es que en las casas de pueblo siempre se está muy fresquito en verano, y en invierno se aprovechan los pocos rayos de sol para ayudar a caldear.Gracias a estas técnicas y materiales, la temperatura de las casas de los pueblos es mucho más estable que en el exterior, por lo que se necesita menos energía para calefactar o enfriar el interior.

Material rural

En el caso de los materiales, se eligen los que están al alcance; es verdad que antiguamente no se disponía de muchas alternativas en cuanto a materiales, ni máquinas de transporte especializadas, por lo que “no quedaba otra” que coger lo más próximo. En la meseta son muy abundantes algunos materiales de construcción como por ejemplo la arcilla y la caliza. En el caso de la arcilla, se trata de un material muy económico y fácil de trabajar, se utilizaba para la construcción de muros mediante adobe (son «ladrillos» formados por barro arcilloso y paja, secados al sol, pegados entre sí mediante la misma mezcla y solían estar recubiertos para protegerlos del viento o la lluvia mediante un mortero de cal) o de tapial (técnica por la que la construcción de muros se hace a base de tierra compactada, sistema heredado de los romanos que lo utilizaban para la construcción de murallas, se caracterizaba por su dureza y estabilidad).  

arquitectura sostenible madera

La madera también ha estado siempre muy presente en las construcciones castellanas rurales. Las grandes masas de bosque (pino y chopo son las especies locales) hacían posible su utilización, generalmente, en la cubierta. Se fabricaban vigas de madera aserrada (piezas de madera maciza obtenidas por el corte del árbol para darle una forma más regular, es decir, sin muchos procesos industriales). Como sistema de recubrimiento, para que el agua de lluvia no entrara dentro, se utilizaba la teja curva (formada por barro pero esta vez cocido mediante hornos de leña para darle mejores propiedades mecánicas). En zonas del norte de Castilla se utilizan los tejados de pizarra al ser un material más abundante, pero también había casos en los que se hacían de paja, siendo el problema, claro, que son mucho menos duraderos y muy fáciles de quemar (lo que resultaba un problema en las guerras).

Otro aspecto crucial que tenían en cuenta era la orientación; se aprovechaban al máximo las oportunidades que la radiación solar proporciona, pero también se protegía de él el interior de la casa. Por ejemplo, las fachadas que dan al sur se protegían por medio de gruesas paredes y persianas o contraventanas en los huecos, mientras que al norte no se abrían casi huecos, al ser la pared más fría y donde se colocaba la chimenea, que generalmente estaba hecha en piedra para que retuviese mayor cantidad de calor. Ese control solar hace que los edificios sean muy eficiente térmicamente, se favorezcan de los rayos del sol y que las pérdidas sean muy pequeñas.

fachada casa de pueblo

Tanto la técnica como los materiales, pertenecen a una época preindustrial, además, las técnicas y los conocimientos tradicionales eran transmitidos generacionalmente entre la población. El enraizamiento por la tierra y el pueblo son fundamentales, por eso, todo tiene un origen basado en la experiencia y los conocimientos de nuestros antepasados, que tenían muy presente siempre la fuerte relación con la zona, el medio físico y las características climáticas.


Pero no es todo gracias a los materiales o la arquitectura, el marcado carácter rural, basado en la austeridad y el sentido común (el menos común de los sentidos para algunos) contribuyen a avanzar hacia un modelo más respetuoso, no pretenden cambiar el medio a la medida del hombre, sino más bien, una integración con el mismo, de una forma menos radical y agresiva. El carácter austero garantiza construcciones utilizando solamente lo necesario, raramente se introducían aportaciones gratuitas o arbitrarias.

Low-tech, high quality

A día de hoy se está apostando cada vez más por este tipo de arquitectura, que se conoce como «Low-Tech» o «Tech-Low». Son construcciones low-tech aquellas que tienen procesos industriales casi nulos, apuestan por la utilización de materiales locales y técnicas constructivas tradicionales. Resulta muy complicado que estos materiales se abran un hueco en el mercado y puedan competir con los materiales industrializados a los que estamos acostumbrados y que, actualmente, son más económicos. Pero poco a poco se están comercializando más y haciendo que sea más asequibles su utilización; un buen ejemplo son los materiales de construcción a base de productos reciclados; a día de hoy, la construcción y otros sectores producen numerosas toneladas de residuos de todo tipo; se están desarrollando múltiples nuevos materiales: ladrillos hechos a base de textiles triturados o plásticos reciclados, planchas de aislamiento de celulosa de papel de periódicos, bloques macizos a base de cáñamo y tierra, etc. Materiales naturales, como la madera o la tierra, son muy fáciles de reutilizar o reciclar, y, además de tener un proceso industrial escaso, resultan muy beneficiosos para conseguir cierto grado de sostenibilidad en nuestras construcciones. 

Como ciudadanos, tenemos parte de responsabilidad y debemos apostar -siempre que esté en nuestra mano- por este tipo de materiales. Es el único modo de que esta arquitectura pueda asentarse en nuestra sociedad y se vea como una alternativa capaz de cubrir, de nuevo, nuestras necesidades y exigencias. No es que tengamos que volver a hacer todo como lo hacían nuestros antepasados, pero es cierto que ha habido una ruptura casi total con la metodología que ellos utilizaban, y que podríamos corregir esto y aprender mucho de ellos; ya no sólo en el ámbito de la arquitectura, sino más bien en el día a día; fomentando hábitos de vida sostenibles, siendo conscientes de nuestras necesidades y del impacto que tienen nuestros residuos en el planeta y en nuestro entorno más cercano.

6 comentarios en «Arquitectura Low-Tech y casas castellanas: volver al inicio»

  1. Por más artículos sobre arquitectura!! Los domos geodésicos junto a la impresión 3D de diferentes materiales están pegando muy fuerte a la hora de reinterpretar las necesidades humanas en su entorno, natural principalmente.

    1. Alejandra Espaillat Gesualdo

      Es lo que justo buscamos en LPR aprovechar lo que ya tenemos con todo lo nuevo que nos ofrece la tecnología, no estamos tan lejos solo se necesita un pequeño esfuerzo más. Muchas gracias por leernos ?

  2. De nada.Llevo varios años practicando lo que yo llamo «reciclaje extremo».Que consiste en analizar mis residuos y buscarles nuevos usos.Por ejemplo una simple lata de refresco,se puede utilizar de muchas formas.Construir un armario de componentes electrónicos,se puede usar como placa electrónica,se puede fundir y hacer tus propias piezas mecánicas,etc.Y así con cada tipo de residuo que genero.Ademas los fines de semana suelo ir buscando por la basura electrodomésticos estropeados para sacar sus valiosos componentes.
    Si combinamos lo anteriormente expuesto con permacultura ,los oficios tradicionales de nuestra tierra y la posibilidad que nos ofrecen los espacios amplios del medio rural para generar nuestra propia energía, creo que estaríamos muy cerca de la autosostenibilidad.Saludos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *