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Castilla Aesthetics

Tiempo de lectura: 3 min

Carmen Abril Martín

En LPR creemos que la estética es una vía fundamental para la reidentificación con el territorio. Lo hemos dicho más veces. Casi se podría decir que entendemos Castilla como una estética, más allá de delimitaciones geopolíticas, y que creemos en el poder de ésta como canalizador espiritual e identitario.

 

Esto, a priori, puede sonar frívolo y ya estarán algunos cogiendo aire para replicar que dónde queda el factor sociopolítico, pero nada más lejos de la realidad. Además, esto es un fanzine y -aunque la política nos parece algo a tener en cuenta- aquí lo que somos es fans: nos deshacemos en la adoración a Castilla desde el terreno más deep y conceptual, y éste entronca, muchas veces, con lo puramente artístico y visual.

«Es, en parte, la estética del silencio, del espacio, de los ecos menguantes y de la gloria añeja.(…)Una estética solemne, vasta y plena. Sólida»

What does Aesthetics mean?

Entendemos (que todo hay que decirlo), que el término “estética” guarda una significación cultural profunda y que no atañe, como se podría pensar de primeras, a la belleza o la no belleza. Es decir, que al referirnos a “estética”, hablamos de la rama filosófica, no de lo que va después de “corporación dermo-”.

 

Esta estética a la que nos referimos es la que estudia “el sentimiento puro” y “qué lo provoca” y recoge múltiples dimensiones (incluye costumbrismo y tradición; paisaje y arquitectura; vegetación y arte). La estética castellana, además de multidimensional, es hiperdiversa, poliédrica.

Muchas Castillas
@_curcue_

 

Está la estética mesetaria, de páramo, de cultivo de cereal, quizá la más famosa, la del “campo amarillo”; pero también está la ribereña, frondosa y llena de chopos y saucos y zarzamoras; la montañosa, que puede presentarse escarpada y verde, pero también árida, pelada y gris. Si nos ponemos expansivos, está la Castilla de costa, en Cantabria, y la Castilla riojana, de tierras rojas y generosas. Incluso la de Madrid, pretendidamente moderna pero inevitablemente castiza. Está la castilla de pinares, la de encinas, la arcillosa y la caliza, la rural y la urbana; hay muchas Castillas y con ellas muchas estéticas castellanas diferentes. Todas coexisten y se enriquecen mutuamente, pero, por alguna razón, la Castilla favorita de artistas, pensadores y esteticistas de todo tiempo ha sido siempre la primera, la del océano de trigo. Esta es también nuestra favorita y protegida, para qué mentir.

«Castilla es muy vieja. En Castilla hasta los accidentes geográficos son viejos. Es un santuario, un cementerio de montañas. Los cerros, cuya silueta recortada es sencillamente recta, no son otra cosa que raíces de montañas antiguas, desgastadas por el viento.»

La Castilla amarilla

 

Quizá es más fácil romantizarla porque de un tiempo a esta parte es la más pobre, y fue la más rica en determinado momento. Siempre hay algo de hechizante en “la caída de los dioses”. Sea como fuere, es una estética cargada de historicismo y devoción, de ritos y tradiciones. Es, en parte, la estética del silencio, del espacio, de los ecos menguantes y de la gloria añeja.

@_curcue_

Una estética orgullosa y noble en el sentido más amplio de esta última palabra, donde hosquedad y bondad no son necesariamente contrapuestas.

Una estética solemne, vasta y plena. Sólida, abrumadoramente bella; anómalamente despejada y particularmente seria. 

Una estética de líneas suaves, de espacios anchos…una estética, casi podría decirse, celestial. 

Bueno, qué caramba, es literalmente una estética celestial. El cielo manda en Castilla, ocupa casi siempre al menos el 50% del campo de visión (y el 60% del pensamiento de los agricultores, que nunca saben qué esperar) y esta es una de sus peculiaridades más características e internacionalmente reconocidas, “los cielos de Castilla”.

Castilla la Vieja

A Unamuno muy probablemente le gustaba tanto Castilla por eso, porque le hacía sentir cerca del cielo, de Dios. En Castilla uno se siente viejo, solemne y espiritual, venía a decir. Castilla es muy vieja. En Castilla hasta los accidentes geográficos son viejos. Es un santuario, un cementerio de montañas. Los cerros, cuya silueta recortada es sencillamente recta, no son otra cosa que raíces de montañas antiguas, desgastadas por el viento y el tiempo. 

Las grandes cuencas de lo que antaño fueron ríos amazónicos, hace miles de años que pasaron a ser sencillamente tierras algo menos secas -ni siquiera parte de la rivera- donde se formaron asentamientos y campos de cultivo; y las curvas del paisaje, fruto de estos ríos antiguos, son suaves, amables, como una sábana beige ondeada por la brisa. No hay riscos, no hay aristas, no hay cortes bruscos ni súbitas empinaciones. La Castilla más árida es, al mismo tiempo, la más suave. Es un lugar milenario, rotundo, hipersolemne. Un esqueleto emblemático, un fósil grandioso. Un lugar donde uno puede echar la vista al horizonte como solo puede hacerse en el mar, hasta perderla en una infinita línea recta. El océano dorado. Un sitio mágico.

 

Una estética especial, la de Castilla.

«No se puede -ni se debe- figurar la Castilla futura ignorando su circunstancia actual y pasada, ni su estética concreta; no se trata ni siquiera de reformular esta. Se trata, sencillamente, de reformular la forma en que se la mira. «

Surfear la contemporaneidad: Go LPR

En LPR el propósito es reformularla en términos contemporáneos, pero manteniendo su esencia. No es tarea fácil porque la esencia de la estética castellana se opone en todo a las principales tendencias de nuestro tiempo (velocidad, ligereza, inmediatez, abigarramiento), pero precisamente por eso es tan importante que lo hagamos. En el contraste está el gusto, y no hay nada más contemporáneo que ser ecléctico y juntar cosas que en apariencia no tienen nada que ver. 

La contemporaneidad tiene más que ganar que Castilla en esta reformulación, la verdad; aunque lo cierto es que Castilla la necesita también. 

Es importante que esta tierra se adapte, que consiga alzar la voz en este mundo loco y frenético que la viene ignorando. Aunque sea una voz serena y regia, aunque siga siendo la suya. De poco vale si nadie la oye, si rebota en las paredes de una habitación cada vez más vacía. Y ahí entráis vosotros. Escuchad. (Leed los puñeteros artículos de LPR) Mirad los paisajes con deleite al menos, paladead su estética como si fuerais guiris maravillados, paladeadla como lo hacen ellos; es vuestra, y os la estáis perdiendo.

Hay que buscar fórmulas de integrar la contemporaneidad en Castilla (y Castilla en la contemporaneidad), de implementar “el rollo” aquí para que los jóvenes sientan arraigo y deseos de quedarse, pero no se puede en el proceso negar esta realidad; que Castilla es, conceptual y materialmente, un lugar sobrio y antiguo, duro. Como un enorme monolito pulido, aún rebosante de contenido y significado, pero despojado de florituras, parafernalias, ornamentos. Como una escultura minimalista japonesa. Como una gran y antiquísima montaña desgastada por el tiempo. 

No se puede -ni se debe- figurar la Castilla futura ignorando su circunstancia actual y pasada, ni su estética concreta; no se trata ni siquiera de reformular esta. Se trata, sencillamente, de reformular la forma en que se la mira. 

Se quiere, en esencia, agitar las conciencias de los jóvenes castellanos para que se sientan no sólo parte de su tierra e identificados con su estéticasino orgullosos y respaldados por la misma; significados, recogidos por ella.

4 comentarios en «Castilla Aesthetics»

  1. Habéis hecho una reflexión preciosa sobre Castilla. Se agradecen estas visiones desde la propia Castilla sobre Castilla porque no abundan o son inexistentes. Buen trabajo.

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