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Crónica del Bosque encantado 2023

Tiempo de lectura: 5 minutos

Texto: Carmen Abril

Preámbulo

A veces una se sienta a escribir sabiendo de antemano que no tiene mucho que hacer. 

No hay palabras que sirvan para expresar fielmente lo que ocurrió el 20 de mayo en el castillo de Villalonso. Tampoco los días antes. Los que estén leyendo esto y estuvieron allí lo entenderán y los que no, cariños, ¿qué haceis?

Bromas aparte. A pesar de que es imposible, me he propuesto hacer una crónica de lo sucedido, o intentarlo al menos. Va a ser una crónica lacrimógena y cargada de sentimentalismos porque en LPR se le mete más corazón que planificación a las cosas que se hacen y consecuentemente después se llora un poco cuando todo sale bien y se sirven ñoñerías en una bandeja y la emoción desborda los artículos y los posts y los corazones de sus tiernas organizadoras.

Paréntesis para maldecir

Digo más corazón que planificación porque se le mete muchísimo del primero, no porque haya poco de lo segundo. Lo de los meses previos -la organización, la Odisea, el festival de los nervios de punta- merecería crónica aparte, pero hemos venido aquí a leer cosas bonitas, no a relatar el infierno de Dante. Organizar un evento es muy dificil, eso sí lo digo, que quede por escrito. Muuuuy difícil. Sobretodo cuando el equipo está constituido por un puñado -pequeño- de personas con trabajos (precarios) fuera del asunto y mucha ansiedad, y no una promotora con departamentos diferenciados, recursos, etc. Por eso, a todos los que os acercasteis en la fiesta a decirnos con la boca enorme ENHORABUENA ESTO ES INCREÍBLE SOIS UNAS CRACKS LA MEJOR FIESTA DEL MUNDO: Muchísimas gracias.

*Que lo sepais todos, en un evento, al organizador hay que soltarle eso y dejarle tranquilo, no es el momento de lanzarle proyectos futuros, contarle los tuyos, intentar hacer bromas elaboradas…en ese momento su cerebro no está preparado para nada más que para preocuparse porque todo esté bien y si le enganchas por el hombro y empiezas a contarle movidas te odiará internamente mientras asiente con la cabeza y sonríe y trata de mirarte con un ojo mientras con el otro recorre el perímetro.

criaturas fantásticas retratadas por @albertomg53
criaturas fantásticas retratadas por @albertomg53

La previa agridulce

De los días previos sí se puede hablar proque sí fueron bonitos, dentro de lo que cabe y del palizón físico y mental que supusieron. Ya habíamos empezado a dormir mal de nervios y consultábamos el tiempo que daban para el sábado a cada hora en el móvil, pero la cosa parecía marchar. Estábamos muy contentas porque esta vez teníamos patrocinadores (¡gracias! después los presentamos) y también porque habíamos aprendido la lección de la edición pasada (Todos los Santos en el castillo) y teníamos la determinación de dejarlo todo montado el día antes de evento.

Otra determinación que habíamos tomado respecto de la fiesta anterior fue la de involucrar al pueblo de Villalonso. En la edición anterior se habían presentado, sorprendidos,  algunos vecinos (sorprendidos sobretodo de que sólo tuviéramos Astromona y no hubiera gintonic). Tuvimos que comprar hielo al dueño del bar y, de camino a por él, acabaron preguntando que cómo no les habíamos avisado. Esta vez eso cambió. La primera incursión que hicimos al castillo, como un par de meses antes del 20 de mayo, nos dejamos caer por allí: “¿Te acuerdas de mí? Esta vez sí os avisamos y, es más, ¿por qué no pones tú el bar durante el evento?”. Ángel, que así se llama el dueño del bar, encantado. Tanto que terminó invitándonos a unas de las mejores lentejas que he comido -que me perdone mi madre- y desde ese momento nos fuimos haciendo bastante amigos. El bar de Villalonso no es un  bar cualquiera, es un bar Teleclub, donde los señores van a echar la partida y donde se ponen las noticias en la tele, se venden risketos y regalices y se hace más vida comunitaria que en la plaza. Y Ángel tampoco es un dueño de bar cualquiera, es un cocinero de primera y una persona hospitalaria a más no poder. No diré mucho más, porque probablemente leerá esto y no queremos hacerle llorar, pero se podrían decir muchas más cosas bonitas sobre Ángel.

Cabe decir que también contratamos los servicios de limpieza y de seguridad entre Villalonso y el pueblo de al lado. Al pueblo lo que es del pueblo. Ya que les vamos a molestar, que repercuta en su beneficio.

Comida de rodaje, día de montaje

 

El bar de Ángel se convirtió  pues, en los días previos de preparativos intensos, en nuestro centro de aprovisionamiento. Y allí que fuimos el viernes, el día duro de montaje (el jueves habíamos ido con una furgoneta a llevar todo el material) a comer y reponer las almas. Para mí fue un día bonito. Allí estábamos todos: los de sonido, Cimi, Alf y su colega; los de decoración, Inés, Ari, Nico, Sara; los del bar, Ángel y su incansable ayudante, el dicharachero Rubén; y nosotras, becarios incluidos (saraut Moha, Paula, Román). Después de comer en el bar, con la tele de fondo (pendientes a la predicción meteorológica) y tomándonos un café y un helado, yo miraba a lo largo de la mesa con mantel de papel en la que estábamos sentados y me sentía un poco como un director de cine en una comida de rodaje. Sólo veía aristas, la verdad, a gente que estaba currando con nosotras y que en gran medida lo hacían con gusto, con ilusión; que, si no estaban tan emocionados (ni tan acojonados) por el asunto como nosotras, sí estaban bastante nerviosos y contentos con la movida. Había algo de ellos en eso que iba a hacerse al día siguiente. Además, nos reímos bastante también, qué narices.

el equipazo de Vayapanda, decoradores y seres de fantasía, comiendo fideua

Después de comer seguimos dándole caña hasta caída la tarde, con alguna que otra sorpresa en forma de animalito silvestre (no podemos dar más datos) y con cierto riesgo al colocar las telas del patio, que, con el vientazo que hacía, casi se paracaidizan y nos llevan volando hasta Tiedra. Tuvimos que tomar la decisión de trasladar el escenario principal al interior. Nos costó y suspiramos mucho, pero sabíamos que hacíamos bien: uno no puede disfrutar de la música con un ráfaga introduciéndose a 28km/h por sus tímpanos. Con todo hilvanado, nos fuimos de vuelta a Valladolid y al día siguiente, pasó lo que todos sabemos.

El fiestón

350 jóvenes se dieron cita en un castillo medieval. Durante 12 horas, simplemente, disfrutaron. Del castillo, de la música, de sí mismos, de su tierra (algunos sin ser muy conscientes de esto último, pero haciéndolo igualmente).

Una vez más, para mí, lo mejor de todo fueron los disfraces. ¿Cómo es posible que la gente se lo curre tanto? Hadas, hechiceros, criaturas boscosas en general, magos, ogros, elfos, setas, faunos, mariposas, libélulas…todos guapísimos  y además metidos en el papel de criaturas mágicas hasta las trancas. Ocurre una cosa y es que la gente, cuando está disfrazada, es mucho más maja que de costumbre. Yo creo que miran a un lado, miran al otro, ven sólo fantasía y se ponen irremediablemente contentos. Había mucha contentura entre los muros del castillo. Mucho viento también, así que menos mal que habíamos decidido instalar el escenario dentro, aún suspirando. En los ratos que amainó, y con una cuerda que Dios sabe de dónde salió*, hubo largas sesiones de comba. Jugar no es cosa de niños, aunque a veces somos tan idiotas de olvidarlo. ¿Haría cuantos años que no saltaban a la comba muchos de los que se atrevieron a meterse? Esto fue un puntazo también porque puso a interactuar a todo el mundo con todo el mundo,  y esa fue otro de los puntos fuertes de la fiesta, que todo el mundo interactuó con todo el mundo. Viva la gente.

*De todas formas, no fue mérito nuestro. Fue una de las mejores cosas del evento y surgió de forma completamente espontánea, de los asistentes, saraut Alberto y Carlos, cuyas identidades hemos descubierto después, por Instagram. Para la próxima nos aseguraremos de que haya otra.

El caso es que había mucha contentura. Supongo que cualquier organizador dirá lo mismo de sus eventos, pero yo, mirase a donde mirase, sólo veía gente sonriendo y jugando (bailar es jugar también, de alguna manera) y, a pesar de mis nervios al rojo vivo, se me llenaba el cuerpo de una paz y una satisfacción fresquísimas. En realidad no creo que todos los organizadores piensen lo mismo de sus eventos. Yo he estado en bastantes fiestas a lo largo de mi vida, y es muy raro que se genere un clima tan picaresco, amable y divertido como el que había esa tarde en el castillo. Tú puedes montar la mejor fiesta del mundo, pero la magia la hace el ambiente, y el ambiente lo hace la gente. Así que muchas gracias, gente. Os disfrazasteis mucho, os portasteis muy bien (escalada sin cuerda aparte), y además, por alguna razón erais todos guapísimos -esto es lo menos importante, pero no deja de ser sorprendente (hablamos de la Totalidad de los invitados)-.

ACTUACIONES

 

Actuaciones: qué decir. Castora Herz se lució como nunca. Le tocó la china y supo convertirla en diamante. La luz se fue durante su actuación y el tío se arrancó a rascar la botella de anís, produciendo una melodía tan potente que a mí, que acababan de comunicarme lo de la luz, sólo me salió decir “¡pero si sigue sonando!” y ya me explicaron “no, no, es que el tío es un máquina, está tocando con la botella”. Y lo es. Un abrazo enorme para Cimi, que fue técnico, artista, y sostenedor espiritual también. 

Después de él llegó Garlim, que es probablemente el mejor dj  de reggaetón de la meseta y estuvo 3 horas fusionando los hits del momento, reggaetón antiguo, temazos pop históricos…si os lo perdisteis, la verdad, lo siento. Y si os lo perdisteis y después vinisteis reclamando que había habido poco reggaetón…la verdad, chao.

Esto en el salón principal. En la mazmorra del techno ya era hora de quitar el móvil y poner la mesa. Enjundia abrió con una sesión bien trallera, que poco combinaba con su delicado disfraz de flores naturales y que dejó la pista en llamas. Le siguió Vega, que tenía el reto de coger un público que estaba ya a 927247864 pies del suelo, pero estuvo a la altura. Llegó el turno de Coño, una virtuosa de la electrónica y, cosa que no sabíamos antes del evento, una tía majísima y estupenda. Un besazo pa ella.

En el salón, Diego dio paso a una de las mejores y más disfrutables actuaciones que estos ojos hayan visto: Elfindelfresco, Los frescos. Habían venido desde Burgos (algunos desde Granada) al completo: 8 máquinas ultrasónicas, cada uno mejor disfrazado que el anterior y huelga decirlo, dios mío, súper frescos. Ni siquiera sé en qué estilo podríamos clasificarlos, ¿trap un poco punki, autotune monsters, urbano romántico hardstylero? No sé, pero sé que ahora están en mi biblioteca de Spotify. Ya habíamos dicho los días previos que iban a «estallarlo todo por los aires» y a punto estuvo de pasar de lo metafórico a lo literal. Apenas cabían en el escenario, en el que además habíamos plantado un árbol, y las flores de la decoración se les metían constantemente por los ojos y se les enredaban en micros y bastones, pero ni lo notaron. Encandilaron a todo el mundo como si de un hechizo estuviéramos hablando. Lo partieron tanto que pareció que el escenario se iba a caer para abajo: el equipo botaba, botaban ellos, botaba el árbol…yo sujetaba el monitor y botaba también. El público, enamorado, saltaba, bailaba, pogueaba (¿será el primer pogo de la historia que ha tenido lugar en un castillo medieval?) se les salían chiribitas por los ojos y las comisuras de los labios por las orejas, igual que a los propios intérpretes. No quiero excederme mucho ni pecar de fangirl, pero….girl. Recuerden su nombre, sigan su trayectoria, estamos ante una supernova.

Ah, sí! Hubo tattoos @laflortattoo

El listón estaba en Marte, pero lo que venía después era un cohete espacial. Nada más, nada menos, que el estreno de Delameseta. Para quien no lo sepa, Santiago el mago, aka Cacho Cósmico aka Santi aka the best, lleva mas de un año trabajando con verdadera obsesión – quiza la palabra adecuada es devoción- en un proyecto que fusiona la música recogida por el etnomusicólogo Agapito Marazuela  con la electrónica. Es decir, folklore principalmente castellano con sonidos electrónicos, entre ellos el dembow (!!). Así como lo oyen. Santi, además, supo acompañarse bien: Lucía López, de Colectivo Algazara, le acompañó con voz, pandereta, mortero…hasta con sartén. Todo el trabajo concienzudo de meses, mezclado con estos elementos geniales, mezclado con su propia dulzaina en directo…la gente no se lo podía creer. Tenemos testimonios de una persona que hasta lloró. Se dice bien. Bailó jotas hasta el que no sabía, porque electrónica sabemos bailar todos y a partir de ahí es levantar un poco los brazos, fijarse en el de al lado, seguir el ritmo…Hay vídeos de momentos del concierto que hacen que a uno se le suba el alma a la garganta. Ojalá Agapito lo viera desde el cielo y se lo bailara así en plan tecnero. Nunca olvidaremos ni agradeceremos lo suficiente a Santi y Lucía por habernos regalado este estreno y nunca nos podremos olvidar de él, ni nosotras ni ninguno de los allí presentes.

 

Le tocaba a María Arias, que es una fuera de serie absoluta y partió la pista todo lo que duró la caída del sol y un poco más. María no estrenaba nada, pero no le hace falta. Curtida en mil bolos, lee al público y le va dando lo que quiere, de a poquitos…

En el techno, Coño le había dado paso a Alf, nuestro otro técnico y también artista, y aunque nos perdimos casi toda su actuación (perdónanos, Alf) porque somos diosas pero no omnipresentes, nos han llegado voces de que fue la caña. Después de Alf (y con Alf, de hecho, porque es su dj)  tocaba otra actuación estelar: El rey del pollo frito repetía tarima, repetia sala y, sobretodo, repetía baño de masas. La gente te adora(mos), Andresito. Hubo par de temas nuevos buenísimos y muchos coros para el rey indiscutible de la mazmorra.

Cerró Gahla, y nos pasó parecido que con Alf, pero hemos visto vídeos y Guao. Dejó claro que se merecía con creces el puesto de clausuradora del mazmorreo. Vaya tralla, sí señora.

 

En el salón del reggaetón, Almudí nos regaló una hora del reggaetón antiguo que todos los cuerpos piden a gritos llegado cierto momento de la noche. Despues se le escurrió la mano y terminó tambien con un trallazo de locos. Versatilidad y fuego, el señor Almudí. 

Queremos agradeceros una vez más a todos por venir. Agradecer a los artistas por ser así y por venir también. A todos los que habéis currado para que esto salga adelante. Y por último a nuestros patrocinadores: 

Quesería Pico Melero

Tiedra de lavanda

Miel Pecorea  

Cerveza Astromona.

En algún punto del año, después de que todas las grandes marcas con facturaciones millonarias de CyL nos ignorasen por completo, se nos ocurrió que igual era lo suyo intentarlo con empresas pequeñitas, amigas. Obviamente teníamos que pedirles muchísimo menos, pero, si aceptaban, compensarán esa menor aportación económica con una incalculable aportación de valor. Que nos estén patrocinando 4 empresas castellanas frescas, con propuestas innovadoras, pero que a su vez respetan al máximo la tradición, empresas que producen aquí, que declaran aquí, a cuyos dueños ponemos cara y sonrisa y de los que además sabemos que son personas increíbles…es mucho. Que además dé la casualidad de que los productos que producen son ambrosía de dioses, pues ya apaga y vámonos, o mejor dicho, enciende y venid. La fiesta también fue una oportunidad para permitiros entrar un poquito en sus universos (pudisteis probar el queso de las hermanas De la pisa, la miel de Adrián, el licor de lavanda de Sofi y su familia, la cerve de los chicos de Astromona), que os invitamos a seguir conociendo.

También os invitamos a la siguiente fiesta. Creo que es una buena forma de cerrar esta crónica: esto no ha terminado, majos. Habrá más. A pesar de todo el estrés, trabajo y esfuerzo que ha supuesto (y a pesar de que la parte económica se ha quedado lejos de cubrir si quiera un cuarto de todo ese trabajo), estamos deseando volver a servir fantasía para vosotros. Os lo habéis ganado. El castillo de Villalonso está contento de verse lleno de gente majísima un par de veces al año, y vosotros tenéis que estar contentísimos de vivir en una tierra donde abundan esas moles de piedra y de historia que llamamos castillos (y que precisamente le dan nombre a este lugar) y de que haya algunos, como éste, que abren sus puertas para que la magia entre y salga, libre. Viva vosotros, viva el castillo de Villalonso. Y viva Castilla, siempre. Nos vemos intramuros.