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Especial TodoslosSantos: el falso misterio y los verdaderos huesos de Wamba

Tiempo de lectura: 3 min
Carmen Abril Martín

«Como te ves me ví…»

Si eres de Valladolid, y probablemente aunque no lo seas, te sonará aquello del Osario de Wamba. Básicamente, es un habitáculo aledaño a la iglesia del pueblo, concretamente la antigua celda de un cura (en este contexto, celda significa “habitación”), que se encuentra repleto de huesos humanos. 

Uno entra y, cuando aún está asimilando que lo que tiene alrededor son restos de personas, el guía le dice aquello de “como te ves me ví, como me veo te verás, piensa en esto y no pecarás.” El refrán no está muy bien diseñado, porque precisamente en lo que piensa uno es en pecar todo lo posible antes de ser una calavera sonriente y siniestra como las que adornan las paredes. Aunque para reflexiones metafísicas, cada uno.

 

El que Wamba tenga a gran parte de sus antiguos vecinos a la vista -ya explicaremos el por qué- lo ha envuelto desde siempre de un halo de misterio y, pensando en dedicar el LPR23 de octubre al día de todos los santos, fue lo primero que se nos vino a la cabeza.

A veces, y solo a veces, mejor pedir permiso que perdón

 

Lo primero, naturalmente, tantear el terreno y pedir permiso. Justo días antes, Naty Peluso y C tangana habían revolucionado la opinión pública bachateando en la catedral de Toledo y en estas cosas lo mejor es ir de puntillas y ser respetuoso. Más tratándose del tema del que se trata. Hablamos con el cura, Juan Pablo, que es un cura joven, y nos confirma que, en efecto, el osario es una cosa muy seria para el pueblo  y no es plan de fetichizarlo “hace poco unos rockeros me pidieron grabar un videoclip ahí, como si fuese un atrezzo y no lo es, ahí están los restos de mis antepasados”. Nos comprometemos a hablar del osario en su valor patrimonial y nunca descontextualizado, y nos conceden el permiso.*

Buscando el misterio

Con el permiso del cura y un contacto fiable en el pueblo (Gracias, Virginia), ponemos rumbo a Wamba. Nos acompaña nada menos que la productora castellana de moda, moraleja films, a la que entrevistamos en el artículo anterior y que estrenan precisamente el día que sale el video que acompaña este artículo (el 23, por supuesto), “Buscando la película (verano del 2020)” en la SEMINCI. 

 

Sabemos que en este caso buscamos un corto sobre el día de los santos, La tradición del pueblo y su osario, pero tampoco mucho más. Intuimos que un pueblo cuya principal atracción turística está constituida por restos mortuorios guardará una especial relación con estas fechas y la muerte en general.

 

Hace un día de sol radiante y cielo turquesa, no muy en comunión con el ambiente misterioso que habíamos previsto. Damos unos paseos y vemos lo normal en un pueblo, casitas, cada una de una forma y aderezada de modo personal, alguna nave hacia las afueras, algún cercado con animales, un tractor. Nos llama la atención la cantidad y variedad de cortinas que cubren las puertas de entrada de las casas. Nos encontramos algún gatito callejero y nos hacemos amigos de Gueri, el perro más majo del lugar.  Lo único que distingue a Wamba de cualquier otro pueblito con encanto en el centro de Castilla es la estatua a su rey godo (el rey Wamba), retaco y simpaticón, y quizá los cipreses de la plaza, antiguos y sombríos, que hacen pensar automáticamente en un cementerio. 

Conversación en la Cocina

El pueblo no solo nos abre las puertas de su osario. Puesto que queríamos hablar de la tradición en torno al día de los santos y no ir a saco a por los huesos, vamos primero a por los huesillos. Los huesillos de santo son una receta típica de este día. Son parecidos a las rosquillas, pero alargados, como deditos, y más aromáticos. Junto con los buñuelos, era tradición prepararlos la jornada anterior y repartirlos entre las vecinas y amigas. de esta manera se tenía una “excusa” para acompañar a familiares y amigos cercanos, especialmente a los que habían tenido una falta reciente. 

Esto nos lo cuentan varias mujeres del pueblo, en la cocina de Virginia, mientras una de ellas, Mari, nos prepara los huesillos (en realidad mari, nos cuenta, es de cigüeñuela, el pueblo de al lado, pero se trasladó por amor). 

 

Mientras aprendemos la receta, seguimos preguntando por las tradiciones en torno al día de los Santos. 

Un pueblo muy divertido

La concejala de cultura, Silvia, nos habla de su primer día de muertos en Wamba. Yo venía de Valladolid, donde todo era muy comercial y aséptico. Comprabas las flores en la puerta del cementerio, las llevabas a la tumba y te ibas. Aquí, me acuerdo que era una mañana muy oscura, con niebla. Mi suegra me había llevado el día antes a poner unos arreglos florales tremendos. Estaba allí todo el pueblo, cada familia al lado de su tumba correspondiente. El cura estaba leyendo un responso, muy serio. Pasé un poco de miedo.

La madre de Virginia dice que bueno, que a pesar de todo Wamba es un pueblo muy divertido. Ella prefiere hablarnos de otras tradiciones, como las cintas, en fiestas, o cuando los mozos iban a rondar por los balcones a las chicas que les gustaban. Insiste en que Wamba es un pueblo muy divertido. Le da pena que, con la perdida de la tradición, la gente se relaciona menos. Antes todo el pueblo convivía y hacia vida en comunidad, y era más divertido. 

Por fin, el osario

Después de degustar los huesillos, nos llega por fin el momento de visitar el osario. Para llegar a él hay que atravesar la iglesia, que es preciosa y está cargada de épocas y símbolos distintos. Esperamos a que Maite, la guía, termine su visita (es festivo y hay cola para ser guiado por ella) y entonces nos explica. 

¿De dónde salen los huesos? pues de la tierra. “Antaño los cementerios no existían, son un invento moderno, de mediados del XVIII”, nos cuenta. La gente se enterraba alrededor de las iglesias (en este caso un monasterio), en suelo santo. Se plantaban -y se plantan- cipreses en las zonas de enterramiento porque sus raíces se hunden hacia abajo y no a lo ancho, porque dejan los gases subir hacia arriba al no retenerlos con su estilizada copa y porque simbolizan la conexión entre la tierra y el cielo. 

El aflorar de los huesos

En un momento dado de la historia de Wamba, se levantó la plaza para empedrarla y afloraron cientos de esqueletos de épocas pasadas a la superficie. Los religiosos decidieron ponerlas a resguardo en una de las celdas del monasterio. Posteriormente, los jóvenes, guantes hasta el codo mediante, ordenaron los huesos cubriendo con ellos las paredes de la sala. Según cuentan, se corrió la voz y cientos de estudiantes de medicina venían a llevarse huesos (encabezados por Gregorio Marañon quien, por lo que dicen, fletó camionetas enteras a la Universidad de medicina de Madrid). Lo que se consiguió conservar es lo que hoy en día puede verse.

 

A los forasteros nos sobrecoge, pero para la gente del pueblo los huesos son algo natural y normal, que siempre ha estado allí, nos cuentan. De vez en cuando van personas a buscar cacofonías y cosas paranormales, pero nunca encuentran nada. 

Para terminar: tumbas 

Para terminar el día nos llevan al cementerio. Este pueblo nos ha abierto ya las puertas de una de sus casas, de su iglesia, del osario que es su joya de la corona y ahora del cementerio. En lugar de un halo de misterio, lo que nos envuelve es más bien un halo de hospitalidad muy hogareño. Nos enseñan algunas de las tumbas de tierra que quedan aún. Como ya hay menos gente en el pueblo, a Santiago le toca a veces cernir las tumbas de algún vecino extra, además de las de sus familiares. 

 

A pesar de llevar todo el día hablando sobre la muerte y estar literalmente rodeados de ella, nos sentimos -al menos quien esto escribe- vivos, tranquilos y contentos allí, a las afueras del pueblo, al abrigo tímido pero cálida de la tarde. Wamba no es un pueblo hechizado ni se profesa en él más culto hacia la muerte que en otros. Pero, como en cualquier pueblo, sí se tiene más presente a los que se han ido y el hecho de que, más pronto que tarde, nos reuniremos con ellos. Mientras, a comer huesillos y a dar paseos. Salud.

4 comentarios en «Especial TodoslosSantos: el falso misterio y los verdaderos huesos de Wamba»

  1. Leyendo el reportaje, no he podido evitar acordarme de la frase que me dijo una vez un buen amigo de Brañosera cuando visitamos su municipio. «Somos de donde duermen nuestros muertos» En su caso, con el amor que siente por su pueblo, no me cabe duda que algún día dormirá de nuevo con los suyos.

    Buen trabajo y seguid así. Salud.

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