Saltar al contenido

«Jalando», la vanguardia de la gastronomía popular castellana

Tiempo de lectura: 4 min

Aurora Escapa y Enrique García-Vazquez

Sábado noche en Valladolid, el Meet You del Teatro Calderón mueve a cientos de espectadores entre las 14 propuestas de compañías nacionales y locales que se presentan este 2024. Uno de los proyectos destaca por tener solo la capacidad de veinte asistentes: el espectáculo con cena de “Jalando”, una creación de Food Studies, capitaneado por la dramaturga Eva Mir y la directora de escena Olga Hernández. Llegamos puntuales a las puertas principales con ganas de descubrir en qué consistía esta experiencia.

Al entrar, la sala de los espejos permanece cerrada y todos los asistentes esperamos en un recibidor. La expectación crece entre el público, que cuchichea especulando sobre lo que ocurrirá a continuación. La primera aparición la realiza el chef Laín Montes, cocreador del proyecto Fuera de Carta, que nos presenta los aperitivos del cóctel y nos da la bienvenida. Ester Cela y Randoll Rocafort nos ofrecen vino blanco y una selección de entrantes: ravioli de carpaccio de buey y queso de cabra trufado, hojaldre de mantequilla con cremoso de queso Valdeón, sardina ahumada en Valladolid y uva, y croqueta de queso de cabra de Ávila. Los camareros, también actores de profesión, nos acompañarán durante todo este viaje.

Al acabar la degustación, se abren las puertas del salón de espejos y aparece Mariano Estudillo tocando el saxofón en señal de invitación al interior de la sala. Como ratoncitos siguiendo al flautista de Hamelín nos introducimos en el corazón del espectáculo lumínico y tomamos asiento en una de las dos mesas situadas una frente a otra en el centro de la sala.

Nuestro maestro de ceremonias arranca las primeras líneas de un texto que nos adentra en la naturaleza, de fondo se escucha el fluir del agua y una agradable pero ligera música de sintetizador. Sus palabras nos sugieren mirar al pasado. Tras un ligero silencio aparecen dos mujeres con un mortero en mano y percutiendo un ritmo clásico de jota. Cantan con sus voces lo que nos recuerda a una nana que nos acuna y nos acerca a nuestras ancestras. Ellas son Begoña Leal Pascual y Sandra Casado Leal, madre e hija del grupo de coros y danzas Besana. La reproducción de una voz anciana nos introduce en el primer pase del menú, una esfera crujiente rellena de sopa castellana. La mujer de la grabación nos acerca al origen rural de este plato tradicional del que recuerda en sus tiempos se sirviera como desayuno. 

A las voces grabadas les sucede la narración de Estudillo, que desarrolla su relato a modo de cuento sobre las batallas y el papel pacificador de compartir el alimento. Recibimos en la mesa el siguiente pase, una conceptualización del cocido expresado a través de unas empanadillas de estilo gyoza de ropa vieja sobre base de garbanzo triturado.

El actor nos traslada de lo concreto a lo más abstracto y onírico e introduce diferentes dilemas filosóficos. Siguiendo el hilo conductor del alimento, trata temas como las diferencias de clase, el acceso a la comida, la gula, la cocina, la mitología, el ayuno y los sueños.

Por el camino, nos da una pista del siguiente plato mencionando una tortilla de patata deconstruida. Interacciona con el público preguntando cosas como si prefieren morir de hambre o de atiborramiento. Dentro de esta divagación onírica, nos sirven un cuenco de barro con patatas paja sobre una cama de huevos rotos con farinato.

La sucesión de reflexiones desemboca en un clímax que lleva al texto a la completa abstracción y a la interpretación de lo más comedido a una expresión corporal expansiva. La obra en este punto se torna más conceptual. Explora a través de la música, que es un constante en el espectáculo, y de una locución que brota y burbujea cada vez más surrealista.

La propuesta se convierte en una especie de Jardín de las delicias del Bosco donde confluyen muchos elementos extravagantes que nos sumergen en un viaje sensorial: vista, gusto, olfato… Destacan las dos joteras que aparecen de nuevo entre las mesas con sus trajes tradicionales y representan en el centro de la sala una escena singular y sorprendente en la que una hace brotar de la otra una larga trenza, aunando en sí mismas tradición y vanguardia.

El actor evoca en nosotros la imagen de un plato vacío y hace pasar por él distintas elaboraciones de aprovechamiento que tradicionalmente han preparado nuestras abuelas. De un cocido que fuera para cinco personas se haría una ropa vieja y con sus sobras unas croquetas. Pero, ¿qué fue ese cocido antes que un cocido? Antes fue patata. Así introduce el último de los pases salados, un bocado de guiso de lechazo que se sostiene sobre una masa de este tubérculo. 

La narración onírica nos traslada ahora de lo abstracto a lo popular y nos lleva de pronto a la verbena de algún pueblo en la que un campesino castellano con arrugas en la frente se ha enamorado. En su honor, Mariano Estudillo versiona el tema Sabor de amor de Danza invisible y no somos los únicos que nos arrancamos a cantar.

Ha llegado el turno de los postres y nos sentimos felizmente embriagados por el tinto López Cristobal La Linde 2022 con el que los camareros no nos han dejado pasar sed. Momento dulce en el que nuestro maestro de ceremonias rompe definitivamente la cuarta pared y se dirige a cada uno de nosotros para preguntarnos qué nos está pareciendo la obra. Conversa con unos y otros durante unos minutos mientras disfrutamos de la torrija brioche sobre sopa de chocolate blanco y piñones, y el bombón Da Silva, fusión de cacao y vino. Música y luces descansan.

Haciendo honor a la riqueza de nuestra lengua castellana, Estudillo retoma la narración y entona un juego de palabras que resulta de dichos y refranes populares encadenados, todos ellos relacionados con la comida. A través de la música “pone la guinda al pastel” con una interpretación de la copla de la Tía Melitona con guitarra eléctrica y distorsión.

Jalando es la primera creación de Food Studies, una marca de espectáculos que en palabras de la dramaturga Eva Mir “indaga en la cultura gastronómica de un territorio y reivindica su producto autóctono, sus orígenes, leyendas y tradiciones”; una combinación de gastronomía, dispositivos tecnológicos, artes escénicas y raíz. El equipo pretende adaptar la pieza a las tradiciones y cultura del lugar donde estén, contando con profesionales locales y adecuando comida y espectáculo. Buscan generar intimidad con el espectador, una experiencia inmersiva que, en este caso, homenajea las luces y las sombras de nuestra tradición castellana a través de una muestra adaptada del folklore popular, cargado de ritos, celebraciones y miedos, notas de nuestra identidad.  Para Eva Mir “el comer” es intrínseco al territorio, inseparable, y desea devolverle “su carácter subversivo de pausa, de cuidados y de reunión”. 

Además de ser un plan diferente y divertido, el éxito de la propuesta radica en esta fusión de distintas artes sobre la base de una raíz común. Isaac Rovira, responsable del espectáculo lumínico a través del manejo de dispositivos con tecnología multimedia, lo compara con un puzle y dice que Jalando “es una coreografía de muchísimos elementos que aparentemente pueden no tener nada en común pero que al hibridarse en un mismo espacio, todo cobra forma”.

Además del “qué”, el “dónde” es importante. Este estreno cuenta también la historia de los jóvenes castellanos que se fueron pero que ahora retornan la mirada hacia su lugar de origen, su raíz. Es el caso de la directora, Olga Hernández, vallisoletana que tras varios años entre Madrid y Valencia, decide en 2022 aliarse con su amiga y dramaturga Eva Mir para hacer algo que les gustase, relacionando gastronomía y artes escénicas fuera del espacio teatral,  con el objetivo de “encontrar ese lugar híbrido entre lo escénico y un lugar más relajado (…) de la mano de lo tradicional y folclórico a los ojos de quien se ha ido y ha vuelto”. Por otro lado, Mariano Estudillo es un actor y músico vallisoletano que también volvió de la capital para formarse en Dirección Escénica y Dramaturgia en la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León.

La residencia artística Horizontes, un programa que el Teatro Calderón de Valladolid desarrolla para dar visibilidad a nuevos proyectos y artistas, ha permitido a este equipo multidisciplinar, muy agradecido con el trato recibido en el espacio, desarrollar y estrenar en el corazón de Castilla la primera producción de Food Studies.