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coche castilla

La mirada de los futuros periodistas ante la despoblación: un problema recurrente, una causa compartida

Tiempo de lectura: 7 minutos

Texto: Alex Lobato, Selma Asilá y Paula Sánchez

En un lugar de castilla cuyo nombre no quieren recordar...

“Mi pueblo es el mejor lugar del mundo. No lo cambiaría ni por mil millones de pesetas”, me solía decir mi difunto abuelo. Hace ya casi seis años que falleció y todavía me acuerdo de él, pero sobre todo recuerdo el inmenso cariño que le profesaba a su sitio de nacimiento. Incluso un par de veces había sugerido irnos a vivir juntos a ese paraje apartado. Pinilla de Ambroz es un pequeño lugar en el extremo sur de la meseta castellana, escondido entre cientos de metros de campos de trigo y girasoles. Dando la bienvenida, una curva algo cerrada y llena de zarzamoras, las más deliciosas que he probado. En lo alto de una pequeña loma, el monumento insignia del pueblo: un gran peñasco que enfrenta en solitario al viento y la lluvia. Tras esta entrada magnífica se muestra Pinilla Ambroz.

 

La pequeña localidad tiene su encanto. Casas antiguas se dispersan en cuatro o cinco calles; una iglesia se yergue triunfante tras un pequeño riachuelo; el antiguo Teleclub se mantiene aún en pie; las diversas señales del Camino de Santiago dan algo de vida al diminuto pueblo. O al menos, lo daban. 

pueblo castellano
calle de Pinilla Ambroz (Alex Lobato)

Hoy en día, los habitantes no superan los 16, según los últimos datos del INE, aunque os aseguro que el número real no llega a la decena normalmente. El Teleclub lleva cerrado dos décadas y desde que el cura del pueblo se jubiló la iglesia solo se usa en fechas puntuales. Tengo claro que si mi abuelo viese el estado de su Pinilla, tan querida, se le saltarían las lágrimas. Aún con todo y con eso, todavía hay gente. Joaquín, el pastor de ovejas, sigue habitando el pueblo. Es el único que nunca abandona Pinilla. Ahora que pienso en él y sus animales, me viene a la mente una frase que escribió Miguel Delibes, allá por 1964: “el vecino que queda solo entre las mudas piedras del pueblo: el último superviviente”.

 

 La despoblación es el gran reto al que se enfrentan los distintos poblados castellanos y leoneses. En concreto, hablamos de 1.400 localidades, ya sean más grandes o más pequeñas, que, como la querida Pinilla de mi abuelo, están en riesgo de quedar despobladas. 

fotografía de Manuel Abejón

Si la escasa población ya hace que parezcan pueblos fantasmas, no quiero ni imaginar qué pasará cuando nadie viva allí. El olvido es lo que queda.

foto de @_curcue_

Algunos pensarán que todo es tan simple como que la gente empiece a volver al pueblo. Sin embargo, demos un vistazo al pasado para apreciar por qué ha sucedido en un primer momento el éxodo rural. La falta de empleo fue el principal motivo y, por consiguiente, si queremos que se produzca una migración desde las ciudades, habría que solucionar esto lo primero. De todos modos, por suerte o por desgracia, el empleo no es la única dificultad que pueden llegar a enfrentar aquellas personas que prefieren una vida más rústica. “La educación y la salud conllevan problemas en el entorno rural”, según comenta Juanjo Manzano, cocreador del proyecto Almanatura, que trata de evitar la despoblación. Si la sanidad en las grandes urbes ya está colapsada, no es muy difícil imaginar como estará en los pequeños pueblos donde muchas veces hay que desplazarse a las ciudades para ser atendido. La enseñanza, en ocasiones, ni existe ya. El último gran obstáculo sería la tecnología. La mayoría de los pueblos están prácticamente incomunicados, pues la cobertura o el acceso a la red difícilmente llega hasta ellos. Este punto, el de Internet, también supone un duro golpe a los jóvenes que se plantean la posibilidad de una vida rural. A riesgo de que parezca frívolo, en la actualidad, no estar conectado -de una manera u otra- a la red, cierra puertas y posibilidades de comunicación.

Iglesia despoblación
fotografía de Manuel Abejón

Si me llegase a escuchar, mi propio abuelo se levantaría de la tumba para pegarme una colleja, pero lo cierto es que ni borracho me animaría yo a mudarme a Pinilla. Y eso que tengo muy buenos recuerdos de mi infancia. No obstante, los contras superan por mucho a los pros. Me parece tristísima la situación del pueblo. Incluso he escuchado recientemente que el panadero, que venía cada mañana de la villa de al lado a traernos pan, ya no lo hará más. De esta forma, el querido pueblo de mi abuelo está, simple y llanamente, condenado a desaparecer. 

A pesar de todo este discurso tan pesimista, existen diversos proyectos que intentan solucionar esta problemática. Las diversas iniciativas propuestas por los creadores de españadespoblada.es, o las de Almanatura, anteriormente comentada, aportan un poco de esperanza. Quizá, con el tiempo y la ayuda de las gentes de nuestra comunidad, Pinilla y otros pueblos puedan tener una segunda vida.

cruz

Alex Lobato del Pozo

Jóvenes emigrando del pasado

La historia es pendular. Todo vuelve. Reinventado, pero vuelve. Como ejemplo de ello tenemos a las ratchets, que han adoptado el estilo Y2K -el que usaba Britney Spears en los 2000-; o el hecho de que no nos quitamos los pantalones campana que usaban nuestras madres en los 90. Siguiendo esta línea, va llegando el momento de poner otra vez de moda el folclore. Y parece que así está ocurriendo. Últimamente está floreciendo entre la juventud un amor por las raíces que se había quedado hibernando unos cuantos años, al menos en lo que la región castellana respecta.

No es raro escuchar a asturianos, gallegos o riojanos enorgullecerse de recalcar sus orígenes, pero

¿habéis oído a un castellano y leonés mencionar que es de su comunidad hinchándosele el pecho?

Ventana rota
Casa abandonada en Villayerno Morquillas, Burgos

Probablemente no. ¿Por qué? Porque esta sociedad está dormida en los laureles. Entre todos hemos aceptado que esta comunidad se nos queda pequeña y que tenemos que salir de ella para progresar porque está anclada al pasado. Al pensar en Castilla y León, seguramente aparezca en nuestra mente algún recuerdo de Las Ratas o Los Santos Inocentes, libros de Miguel Delibes que representan a la perfección la antigua sociedad castellano y leonesa. Incluso se colarán algunas imágenes de campos y llanuras, castillos y campesinos, referencias inevitables dada la tralla histórica que tenemos a las espaldas. Sin embargo, en vez de abanderar nuestro pasado o de centrarnos en nuestro futuro, hemos asumido que Castilla y León es un sinónimo de vacío y de miseria, así que nos vamos. 

foto de @doydasdavid
Niño castellano
foto de @victor_beltran_photography
2 chicos en un campo
foto de irene golvano

Y con nuestra marcha dejamos morir pueblos, costumbres y patrimonio.

 

Aun así, sorprendentemente, el sentimiento castellanista está desperezándose entre los muchachos que todavía permanecen por aquí. En mi opinión, en parte, gracias a la música. Grupos como La M.O.D.A. están haciendo un trabajo impresionante a favor de nuestra tierra. La Maravillosa Orquesta del Alcohol proviene de Burgos, característica que se puede sentir en todas sus canciones, ya sea por sutiles referencias, como la estrofa “su techo es el cielo de piedra de los soportales de Antón”, en la canción Disolutos, o directamente anunciando que Mañana voy a Burgos. Su último trabajo es Nuevo cancionero burgalés, un disco que recopila canciones populares ajustando la música y algunos versos a su estilo propio. Este álbum es el ejemplo perfecto de que el folclore está de vuelta.

Castilla y La M.O.D.A.
foto de Elena Olmedo

Sin embargo, se puede alabar esta tierra anticuada de múltiples formas. Fomentar el turismo, mostrar nuestros paisajes o dar a conocer las costumbres y festejos que nos caracterizan, también son métodos efectivos. Revistas como Más Castilla y León o La Perdiz Roja son ejemplo de esto. La primera está centrada en el turismo por la comunidad y propone varias rutas para exponer la belleza de los distintos parajes que componen las nueve provincias; y la segunda se enfoca en la identidad cultural de la comunidad, promoviendo el sentimiento castellanista.

Dentro de la idea de demostrar que Castilla y León sí merece la pena, hay que mencionar a toda la chavalería que se está moviendo para conseguir un ocio de calidad. Fiestas como la ITA en Palencia, o el Covaleda Fest, en Soria, hacen que tengamos más reconocimiento fuera de nuestra comunidad y nos permiten al mismo tiempo disfrutarla de una manera diferente. Desde Castilla hay que apoyar más a la juventud para que emprenda proyectos y realice eventos que gusten y que llenen todos sus rincones de jóvenes y vida. Por ejemplo, Apogeo es una fiesta organizada por tres estudiantes de la Universidad de Valladolid, dos son leoneses y uno burgalés. Bien es cierto que la fiesta en sí nada tiene que ver con la tradición castellana porque se trata de música trap, pero todos los DJs que pinchan son de la comunidad. Dar un espacio para que esos chicos puedan expresarse y desarrollarse dentro de Castilla y León es igual de importante que valorar la belleza del paisaje de Orbaneja del Castillo.

La M.O.D.A.
foto de Elena Olmedo
La M.O.D.A.
foto de Elena Olmedo

Otros que están haciendo muy bien su trabajo dando voz a los chavales son el Consejo de la Juventud de Valladolid. La mitad de su plantilla está compuesta por estudiantes en prácticas y la otra mitad no supera los 30 años, así que se trata de jóvenes gestionando un consejo del Ayuntamiento de Valladolid que organiza conciertos, eventos culturales, competiciones o, incluso, mercadillos.

Para que los castellanos y leoneses dejemos de “ser inmigrantes en nuestro propio país”, como lamenta la canción Campo Amarillo de La M.O.D.A, debemos valorar más lo que tenemos. Castilla y León rebosa talento, cultura y belleza. No podemos perder nuestra identidad cultural por no cuidarla. Basta ya de patrimonio en ruinas, como el Castillo de Caracena en Soria o del olvido de juegos populares, como el bolo burgalés. No podemos permitir que la incinerada Zamora tenga medalla de oro en ser la provincia con menos natalidad de toda España o que en Soria no haya ni un hospital en condiciones con radioterapia propia y los pacientes tengan que ser trasladados al Hospital Universitario de Burgos. No podemos dejarnos morir.

Jovenes agricultura
foto de @nico.rodriguez.crespo

Selma Asilá

¡Más ovejas que personas!

La despoblación rural en Castilla convierte a los rebaños en líderes demográficos

Durante los últimos años, los políticos, “profesionales en gestión de recursos”, han llevado a cabo numerosas transformaciones en el sistema castellano y leonés que –supuestamente– fomentan el progreso y desarrollo de la comunidad. El medio rural, sin embargo -qué raro-, es marginado de estas mejoras. Este medio también experimenta cambios, pero, en su caso, muy estrechamente relacionados con la crisis de los modos de vida propios de las sociedades agrarias tradicionales.

Señoras mayores
foto de @nico.rodriguez.crespo

La gran mayoría de las zonas rurales de Castilla y León se está viendo abrumada por un profundo proceso de despoblación que está poniendo en riesgo la supervivencia de estas sociedades. Y es que ya lo anunciaba Miguel Delibes en su obra Viejas historias de Castilla la Vieja: el siglo XX solo es la primera parte de una entrega apocalíptica protagonizada por el éxodo rural.

A través de este relato, el escritor vallisoletano muestra la dureza que caracteriza a la vida rural; la conexión profunda con la naturaleza; y la propia lucha de los habitantes contra los cambios que amenazan su forma de vida -como hizo posteriormente en El disputado voto del señor Cayo-. Estos relatos ofrecen la visión de una época que parecía pasada, pero la situación aún permanece inalterable casi un siglo después. 

 ¡Atención! Bienvenido a «La Comunidad de las Ovejas» 

foto de @el_carrusel_taller_fotografia

La Castilla y León rural, donde los rebaños superan a la población humana, han registrado los «balidos» como idioma oficial y los pastores han sido designados como los grandes oradores locales. En los pintorescos pueblos castellanos, las ovejas son los verdaderos habitantes VIP. Pasean por las calles con total libertad, gritan sus cotilleos a pleno pulmón y dejan su rastro de una forma muy personal. Mientras, los pocos lugareños que aún permanecen en estas zonas hacen acrobacias para evitar pisar algún «regalo» inesperado.

Los bares rurales que todavía mantienen sus puertas abiertas han decidido adaptarse a esta nueva «realidad ovina» y han cambiado el tradicional menú por suculentas propuestas envueltas en alfalfa.

Burros
Cabras

¡Todos a una como en Fuenteovejuna!

El éxodo rural en Castilla y León se ha desatado y parece que entre sus municipios se está librando una (triste) competición, «A ver quién se vacía primero». Las telarañas adornan las puertas de las casas abandonadas, mientras que las calles se convierten en auténticas pistas de obstáculos llenas de hierbajos, zarzas y sorpresas ovinas de las que hablábamos anteriormente. La vida social de estos pueblos se ha reducido a eventos relacionados con el mundo ovino. Las fiestas populares se celebran al ritmo de los «balidos de oveja», donde las personas imitan con mucho entusiasmo el movimiento característico de estos animales: seguirse los unos a los otros aunque esta decisión pueda ser errónea. Quizá sea este el motivo por el que los habitantes han optado, sin prisa pero sin pausa, por ponerse el disfraz de lana y abandonar su tierra al ritmo que avanza la despoblación.

foto de @victor_beltran_photography

Los vecinos restantes -que se pueden contar con los dedos de una mano- han decidido agruparse para poder sobrevivir a esta gincana rural. Se ha formado un comité de supervivencia que se denomina a sí mismo «La Liga de los Últimos Vecinos«, cuyos miembros compiten por ver quién está más atado a su tierra natal.

 

A pesar de sus esfuerzos, la mayoría de los habitantes de la Castilla rural va desapareciendo al unísono, como si estuvieran jugando al escondite. La despoblación no para de avanzar y la Castilla y León más agraria se convierte en un lugar donde las ovejas se coronan como reinas y los humanos obedecen como humildes súbditos.

 

¡Que no cunda el pánico, Castilla! ¡Acabaremos con los balidos y llenaremos los pueblos con personas humanas dispuestas a disfrutar de esta maravillosa tierra!

foto de @nico.rodriguez.crespo
foto de Irene Golvano

Paula Sánchez