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Memoria de un maleducado: La genialidad de Paco Umbral

 Tiempo de lectura: 5 min.

Carmen Abril Martín

Yo he venido aquí a hablar de mi libro revista.

Bueno, todo el mundo conoce la frase. Es parte del imaginario popular del país, de su patrimonio inmaterial, de esa indeterminada colección de “objetos lingüísticos populares» que unifican al país entero, como el «Se sienten, coño» o el «Andreita coño, cómete el pollo». Pero es que además , en este caso concreto, la frase se ha impostado y se ha convertido en un decir, en una expresión, en mucho más que una gracieta, “YO HE VENIDO AQUÍ A HABLAR DE MI LIBRO” es, más que una frase mítica, una actitud ante la vida.

 

Precisamente a causa de tanto como ha crecido se ha independizado de su autor y de su contexto y, aunque todo el mundo conoce la frase, mucha gente ni siquiera sabe quién la pronunció ni por qué. Fue Paco Umbral en 1992, en un coloquio televisivo que se celebraba en el programa «Queremos saber», que presentaba Mercedes Milá y que esa noche estaba destinado -supuestamente- a la presentación de su último libro, «La década roja»(Planeta.1993). El público era casi enteramente juvenil y el formato del programa invitaba a la participación, así que las cosas habían derivado alegremente y la velada había terminado siendo una distendida tertulia de estudiantes.

La sangre hirviendo en whisky

 

Paco veía correr el tiempo y nadie le hacía el caso que esperaba, ni a él ni a su libro. Combatía la ansiedad que le producía este hecho ventilándose un whisky tras otro. Por aquel entonces los tertulianos tenían derecho a tener siempre una copa en una mano y un cigarro en la otra, lo que hacía todo, creo yo, mucho más interesante (así se dan, al fin y al cabo, las mejores tertulias no televisadas). Con su rictus desairado y su pinta de mafioso, Paco se iba retorciendo y arrellanando cada vez más en su asiento, cociéndose en él rabia que habría que estallar al poco y que nos daría uno de los momentos más gloriosos y memorables de la historia de la televisión. Mercedes podría haberlo visto venir.

Estallido

 

Hacia el final del programa Paco está harto ya, furioso, cansado de imaginar lo bien que lo hubiera pasado celebrando el estreno de su libro con amigos en un bar, lejos de aquel  plató. Aún así, levanta pacientemente la mano como un colegial resignado y espera su turno de palabra con cara de circunstancias. Cuando Mercedes por fin se lo concede y antes incluso de que articule palabra, empiezan las risitas; la gente sabía ya como se las gastaba Paco, que se había ido convirtiendo con los años en una figura televisiva tan afilada como divertida. Se esperaban algo bueno, pero tampoco creo que se imaginasen aquello. Paco empieza a hablar y se marca un soliloquio que resulta ser la representacion misma de su persona: quizá demasiado alterado, quizá demasiado agresivo, pero, siendo francos, absolutamente genial.

Mercedes -que antes de entregarse al show business y ser recordada para siempre por su papel en GH, era una periodista excepcionalmente inteligente y desenvuelta- consigue controlar bien la situación, apaciguar a Paco, reconducir un poco la cosa. A pesar del civismo y la naturalidad de ella, se produce una contrarespuesta algo lamentable por parte de los estudiantes del público (de un estremecedor parecido a Willy Bárcenas), que interviene, bravucón, diciendo que Paco es un impresentable y un maleducado. Paco aplaude la embestida del chaval, seguramente porque llevaba horas borracho y aburrido y ya solo quería gresca. Mercedes ignora al chaval y trata de salvar un poco el percal “consolando” a Paco, pero el mal ya está hecho, y la frase ya está dicha: Yo he venido aquí a hablar de mi libro.  Historia de España.

 

Knowing Paco

Todo el mundo conoce la frasecita y la ha usado alguna vez, pero no todo el mundo sabe quién es Paco Umbral (aunque a los que sí le conocemos nos parezca increíble ). Lo que desde luego no todo el mundo sabe es que Paco Umbral era de Laguna de Duero. Seguramente se sintió siempre más madrileño, pues allí floreció (y allí lo dió a luz su madre, por circunstancias oscuras que puede uno encontrar en el anexo* de este artículo), pero el hecho es el hecho. Paco creció en Laguna y si uno lee Las ninfas (premio Nadal 1975) -libro fantástico, intimísimo- se da cuenta de que la estación en la que coge el tren para marcharse a Madrid es la de Valladolid. Y si uno repara en su carácter;pretendidamente hosco y mordiente, pero muy en el fondo honesto, sencillo, real; reparará también en que este es -con cierta añadidura rocambolesca por lo artista- el carácter castellano, del que hablaremos mucho aquí en el futuro.

Collage Paco Umbral

Not very castellanista, not very nice

Paco no sólo no presumió nunca de ser castellano ni vallisoletano, sino que al hablar de su origen se refería siempre a “cuando yo estaba aún en provincias”, trazando así una cruel línea entre lo provinciano y lo capitalino, que es, más que una línea, un borrón, y desdibuja todo lo que no sea Madrid en un lugar incivilizado y aburrido, en un lugar paleto y tedioso, previo al salto, al éxito a la gloria, a Madrid. Paco no era castellanista, vale. De hecho, casi se puede decir que el muy mamón era anticastellanista, está bien. Pero era castellano y, por mucho que le pesase, se notaba.

En realidad se entiende que Madrid lo encandilase tanto. Él era una criatura sedienta de luces, de focos, de miradas y de flashes, y por aquel entonces “la Movida”- en los dos sentidos- estaba en Madrid. Paco se quejó mucho aquel día en el plató de Mercedes y declamó que la tele es una cosa putrefacta, pero en realidad era un asiduo a ella; se convirtió con los años en todo un showman, cantaba, hacía el papel de viejo verde, se prestaba a cualquier programa, le encantaba estar en el centro. A veces -casi siempre- daba en soberbio, en ofensivo, en feroz, en irrespetuoso.

Paco era, efectivamente y como le dijo el chaval que se parecía a Willy Bárcenas, bastante maleducado (por no decir un poco capullo). Pero esto era en gran parte lo que gustaba de él, lo que le hizo que se metiera al público en el bolsillo y su columna tuviese un millón de lectores mensuales. Se las daba abiertamente de egocéntrico, de narcisista, de mujeriego, de cabrón; no le importaba que le tachasen de inmoral, es más, casi le gustaba, le divertía; reconocía abiertamente y “haciéndose el chulo” que él se iba al periódico que más le pagase, que lo que le importaba era la pasta y que él era caro. Tenía beefs constantes con la gente y actuaba como si nadie en la sala fuese nunca más listo que él.

Paquito, puchito

Paco era -se puede decir, no creo que a Pucho le ofendiese- el C Tangana de nuestra época. Y el público  le quería entonces como quiere a C Tangana ahora: rechazándolo pero respetándolo, odiándolo pero admirándolo, todo al mismo tiempo y sin poder evitarlo. Y a ambos, en el fondo, esto les hace sentir honrados, distinguidos, validados. Se lucen y se pavonean en su cretinez, en su incorreción, pero en realidad (o eso me parece a mi) son criaturas frágiles, artistas sensibles con un secretísimo síndrome del impostor latente. No se sienten parte del mundo de los focos,  tienen la sensación perpetua de haberse colado en la fiesta y quieren demostrar que lo valen, que no tienen miedo al otro ni al gran foco (precisamente porque lo tienen).

Está claro que quien esto escribe es gran admiradora de C Tangana, pero es que tendríais que leer a Paco. Tenéis que hacerlo, vaya. Si no lo habéis hecho nunca, de verdad, id y comprad un libro suyo en cualquier librería re-red u hojead pdfs de cualquier cosa que veáis por Internet. De verdad, hacedlo. Hacedlo aunque os cueste leer, y precisamente ¡mejor si os cuesta leer! notaréis que Paco escribe atrapante, hermoso, fluido y al tiempo tenso, mordaz y crudo, como una floritura de pura desfachatez, precisa y cruel. Jamás aburre, jamás confunde, es un torrente claro de cinismo y exquisitez, de bondad bien disimulada, una criatura frágil y torturada gruñendo y diciendo barbaridades. Una maravilla.

Paco y Lola

Además de poesías, novelas y miles de artículos de opinión, Paco escribió numerosos ensayos sociológicos y literarios, como el que le dedicó a su paisano y amigo Miguel Delibes (Epesa, 1970) y a su no paisana pero también amiga Lola Flores (Lola Flores: sociología de la petenera, Dopesa, 1971). Linkeamos para terminar una entrevista con ella, con La Faraona, mucho más distendida que la famosa entrevista para hablar del libro. Hay en ella varios comentarios y actitudes completamente reprobables, que confirman lo que vengo diciendo y que además están empeorados porque era una época muchísimo más rancia, pero casi lo compensa el hecho de que se refiera así mismo varias veces en femenino para hablar con Lola, como si fueran dos grandes amigas folclóricas (cosa que seguramente vio hacer en la movida). Machirulismos de época aparte, oye, da gusto verlos juntos, adulándose.

 

Nosotras hemos venido como siempre a hablar de nuestra revista, pero hablar de nuestra revista es hablar de Castilla y hablar de Castilla hablar del talento que alumbra. Y eso es hablar de Paco Umbral.

#PacoUmbral #CTangana #LasNinfas #MemoriaDeUnDandy #MemoriaDeUnMaleducado #LagunaDeDuero #YoHeVenidoAHablarDeMiLibro

Ilustración Paco Umbral

*Anexo para morbosos: «El mundo no se merece la verdad», pero, para quién la quiera, aquí está:

La historia es triste, vergonzosa, amarga. Casi me siento mal escribiendo sobre ella. Tampoco es que sea tan importante, pero seguramente a quienes, tras curiosear el vídeo y otros tantos, o conociéndolo, les ha parecido que Paco es un cretino, un capullo, un maleducado, es justo que sepan que lo es, que fue un maleducado, en el sentido más literal y anticlasista de la palabra. Sobra un poco decirlo a estas alturas, pero «maleducado», amigos, es un insulto clasista. Hay gente a la que le tocan peores cartas en la vida y recibe una peor educación, hay quien tiene peor suerte y desarrolla por ello un carácter amargo, defensivo, acomplejado y, para disimularlo un poco y salvar la dignidad, lo torna en mordaz y agresivo. También es cierto que hay algunas personas que invierten esta mala suerte, se educan a sí mismas mediante la observación, la sensibilidad y la empatía y deciden ser buenos con el mundo aunque este no lo haya sido con ellos. Pero estos son Los Santos. Y no todo el mundo es un Santo. Se puede ser un Genio sin ser un Santo, yo creo. Y Paco lo  era. 

Tullidos, bastardos y cosas rotas

Paco era el hijo secreto -el hijo ominoso, oscuro, ocultado y manchado sin quererlo de pecado y culpa- de un rico abogado con su secretaria. Paco era un bastardo.

Han pasado los años y la sociedad ha cambiado: hoy por hoy hay que ser una persona muy estúpida o muy clasista (como los que usan maleducado como insulto) para tratar distinto -para tratar peor-  a un niño sin padre reconocido. Pero entonces las cosas eran distintas, no había HBO, ni Juego de tronos, ni se había puesto en boga aquello tan guay y revolucionario de “tullidos, bastardos y cosas rotas”. Paco era un bastardo y más adelante fue una cosa rota porque la vida le rompió el corazón de nuevo, esta vez ya mayor, ya hombre de éxito. Esa otra historia es tan triste que sí que no la voy a contar, pero seguro que tuvo también que ver con recrudecimiento de la cretinez de Paco.

El caso es que Paco era un bastardo. Su madre fue a parirlo a Madrid para esconderlo. Concretamente, a un hospital benéfico en Lavapiés (que por aquel entonces era un sitio para nada cool). Se cuenta que siempre tuvieron una relación fría, aunque él la admiraba y la quería  muchísimo. Lo escolarizaron tarde y nunca fue al Liceo Francés, como su hermano. De hecho, o al menos eso contaba él, desde el propio colegio le invitaron a abandonar los estudios demasiado pronto, por no tener actitudes. Con los años, el hijo legítimo de su padre, Leopoldo Díaz, era poeta de éxito mientras Paco tiraba con un puestecillo de chico-para-todo que le habían apañado en un banco (donde iba después del cierre para escribir a escondidas). Precisamente, lo que Paco más adoraba era la poesía. Estaba -seguramente- lleno de rabia y de arrogancia revenida, no sé si hacia su hermanastro, pero sin duda hacia el mundo, hacia su suerte. Porque él era igual de bueno o más, porque a él precisamente el dolor, la rabia, el vacío, le habían empujado a la literatura con mucha más fuerza, casi con violencia. Se encerraba solo a leer en su “habitación azul” con obsesividad, con desesperación. Escribía a escondidas, más que como profesión, como vicio. Y al final consiguió demostrarlo.

Dios los cría

Fue Miguel Delibes quien lo promocionó para que entrase en el Norte de Castilla y quien lo ayudo para que, años más tarde, cumpliera su sueño de irse a Madrid. Vio algo en él y se empeñó en sacarlo a la luz, pero no como quién pule un diamante, sino como quién enseña disciplina en x deporte a un chaval con actitudes. Más allá de su vínculo alumo-maestro, fueron amigos siempre, quizá precisamente porque eran polos opuestos en lo que a carácter y visión vital se refiere y ambos sabían valorar esto en lugar de considerarlo un motivo de distanciamiento. Fue nada más y nada menos que Camilo José Cela quién editó sus primeros libros y quién apadrinó su candidatura a un asiento en la RAE (que al final se llevó Sampedro) . Dos de los másgrandes nombres de la literatura de la época, dos de los más grandes hombres, mejor dicho, de la literatura española vieron en él “algo” antes que nadie.

Él tenía, por su parte, adoración por Juan Ramón Jimenez y por De la Serna, y este gusto tan dispar es precisamente “muy Paco”, siempre culto, profundo y elevado, pero al mismo tiempo histriónico, mamarrachesco y rompedor. Escribió mucho sobre la movida madrileña, sobre frivolidades barrocas y divertidas, pero también sobre la vida, su núcleo neutro, su factor sublime.

En fin, Paco era un bastardo y por eso era un maleducado. Paco era un bastardo y -quizá- por eso era un genio.

2 comentarios en «Memoria de un maleducado: La genialidad de Paco Umbral»

  1. Francisco Umbral usa Valladolid como telón de fondo (y casi un personaje más, por la importancia de las calles y las plazas en la geografía íntima de los protagonistas -muchos de ellos trasuntos de su propia biografía-) en varias de sus novelas. La plaza de San Miguel y su entorno, donde él pasó parte de su infancia (vivía enfrente del ahora hotel Olid Meliá), la calle Angustias, la plaza Circular o el propio Ayuntamiento son escenarios fundamentales de algunas obras, principalmente:

    – Las ninfas.
    – Capital del dolor.
    – Los helechos arborescentes.
    – Memorias de un niño de derechas.
    – El hijo de Greta Garbo.

    Salamanca y Burgos, con sus callejeros urbanos, también son los escenarios principales de otra novela suya, Leyenda del César Visionario.

    Me ha gustado bastante el artículo y quería aportar mi granito de arena, por si alguien se anima a conocer más en profundidad la relación entre Umbral y Valladolid. Además, todas sus novelas son buenísimas 🙂

    1. ¡Gracias Arturo! Te has olvidado de «Los males sagrados» en los que también aparece muy nombrado Valladolid, en este caso Laguna,para ser más concretos. Un fuera de serie, el señor Umbral. ¡Muchas gracias por leer, abrazos!

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