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Molino Lab, SolarPunk y comunidad

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⏰ Tiempo de lectura: 4 minutos

Carmen Abril Martín

Juventud dividida 

Al grueso de la juventud le entran ganas de bostezar cuando oye hablar de comuneros. Esto es así. A una parte quizá, por relacionar el término con una festividad campera (Villalar), le resulta más entretenido y apetecible. A otra parte, más específica y quizá más interesada en historia o sociología, le genera un cierto escepticismo, por considerar que no se trató de una revolución social ni de un fenómeno popular, sino más bien de un levantamiento noble, que miraba solo por el blindaje de sus derechos privilegiados. Otra parte, aún más concreta y diminuta, se habrá leído largos compendios y podrá aportar datos contrastados, teorías históricas diferentes y probablemente concluirá en que, como casi todas las grandes revoluciones, la comunera comenzó en los estratos altos de la sociedad y fue calando hasta convertirse en una cosa popular, y es entonces cuando tomó verdadera fuerza.

Por la vuelta a la autogestión

Sea como fuere, el 23 es el día grande de Castilla, y es así porque algo importante ocurrió, o estuvo a punto de ocurrir. 

Por primera vez en décadas, Castilla actuaba como entidad autónoma; aparte de Aragón (de hecho el 23 también es el día de Aragón, pero por motivos distintos), aparte del Imperio. Castilla, tan grande que ya ni se veía los pies, exigía más control sobre sí misma, pedía de alguna forma relocalizarse, “re reconcentrarse”, funcionar como una comunidad que gestionaba sus propios asuntos, y no como el centro neurálgico de un gran ordenador que ya no conseguía manejar.

Una revuelta noble

*No es que Isabel hubiera estado orgullosa, al fin y al cabo era su descendencia la que se vio amenazada, pero si ella hubiera vivido ese momento hubiera sido quizá la primera en reclamar las riendas del territorio y la vuelta a la autogestión. Habría que estudiarlo, claro, pues Isabel era autoritaria y ultracatólica -la autoridad en ella y en Dios y se acabó-, y lo que los comuneros pedían era más poder parlamentario, pero quién sabe. 

 

Quizá eran la clase hegemónica buscando afianzar su hegemonía, quizá no era una revolución de germen popular, como tampoco lo fue exactamente la francesa, que vino años después y se originó, se sabe, en las clases altas y la nueva burguesía. El caso es que era una protesta contra la concentración de todo el poder (de tantísimo poder) en la figura hipercentralizada de una sola persona. Una cosa cargada de sentido vaya, sobretodo teniendo en cuenta las dimensiones inabarcables que había tomado el Imperio.

@nico.rodriguez.crespo en Molino Lab

 Una fecha nostálgica 

 

Por otro lado, es curioso que se conmemore la fecha de un fracaso. (Podría pensarse que quienes fijaron la fecha en su día lo consideraron una victoria, pero la fecha se estableció en los años 80 con la creación de las autonomías). Suelen conmemorarse las grandes victorias, las conquistas. En este caso se trata de una fecha nostálgica, de un brindis por lo que pudo ser. Imaginaos, ¿qué habría sido de España si nos hubiéramos adelantado a la revolución francesa 200 años? Hubiera corrido la sangre durante unos largos años, eso sin duda. Y no hay pruebas de que nos hubiéramos transformado en una sociedad más moderna, abierta o políticamente sofisticada. Sencillamente no hay manera de saberlo. El 23 es una fecha nostálgica y bañada de incertidumbre irresoluble ¿Qué habría pasado?.

Las ambiciones sociopolíticas se afinan con el tiempo

El caso es que, al final, con el tiempo, tras laaargos años, la pretensión de los comuneros se ha visto llevada  a la práctica. Castilla y León -y todas las comunidades- deciden sobre sus propios asuntos. La Junta decide que se hace en Castilla y León y no el rey y, nos parezca que lo hacen bien o no, al menos son un cuerpo político comunitario especializado. 

Los paradigmas  y las pretensiones sociopolíticas, sin embargo y como es natural, se afinan con el tiempo. 

 

Las comunidades autónomas son nudos en una red más grande, que es el Estado, y este es a su vez un nudo en una red mucho mayor, que es la Unión Europea primero y el mercado económico y financiero mundial después. No nos sentimos muchas veces dueñas de nuestro territorio, propietarias de nuestra comunidad. Queremos más, siempre más. Y eso es bueno, porque así se construye la historia, mediante la exigencia y la ambición de mejoría constante. 

@nico.rodriguez.crespo

MolinoLab: solar punk y comunidad 

En Molino Lab han iniciado una pequeña revolución. No hay levantamientos, no hay tratados, no hay sangre, no hay ultimatums políticos. Es una revolución orgánica, vegetal, que ahora mismo se encuentra en estado de germinación. Como suele ocurrir en las revoluciones, seguramente fue fecundada por una semilla que trajo el viento desde lugares lejanos. Y con toda seguridad, cuando fructifique plenamente, enviará con el viento semillas fecundadoras a lugares lejanos.

Molino Lab es una pequeña comunidad autogestionada y (con el tiempo) autosuficiente. Se crean en ella formas de vida comunes y a la vez particulares, que controlan lo que la vista alcanza, lo que los oídos oyen, lo que se toca y se tiene alrededor. 

Puede uno pensar que estas pequeñas revoluciones pacíficas nunca llegan a nada,que no terminan de articularse entre sí y generar algo mayor. Hay quien piensa, por el contrario, que son el futuro y la meta hacia la que se ha de avanzar. Como se dice en Castilla desde siempre (y seguramente este decir no fue de arriba a abajo como la revolución, sino que nació de la tierra misma): Nadie es más que nadie, y cada uno es cada uno. 

En Molino Lab son naturalistas y al tiempo tecnólogos; creen que no se trata de elegir entre la vida campestre y la vida digital, sino de hacer que la vida digital facilite la campestre y viceversa.

Alternativas 

Frente a un tipo de desarrollo tecnológico que engulle imparablemente el mundo natural, ellos apuestan por la permacultura, por dar “circularidad” a los procesos de desarrollo. 

Frente a una agricultura transgénica y artificialmente acondicionada, ellos apuestan por la agroecología, por los cultivos cruzados, por el estudio atento de “trucos” que la propia naturaleza brinda”.

Frente a la “centralización” del arte y la cultura en los núcleos urbanos, ellos apuestan por la deslocalización de arte en el mundo rural y natural, precisamente a través de la tecnología y gracias a ella.

Frente a la lóbrega perspectiva de que la tecnología y el mundo virtual terminarán por asfixiar el mundo orgánico y natural (el CyberPunk), ellos apuestan por la esperanza en el ser humano, en que éste sabrá darse cuenta y reinvertir los procesos.

 

Frente a un mundo cada vez más monitorizado e individualista, ellos apuestan por la vuelta a la vida en comunidad, por la vuelta a “buscarse uno la vida” y encontrar mucho más por el camino.

Gallinas castellanas

El horizonte burlón de la Libertad

 

El autogobierno, la autogestión, el control de la propia vida y de los recursos que tenemos cerca siguen siendo un bien incalculable y en cierto modo aún una quimera; una utopía burlona que se aleja en el horizonte y cuya inalcanzabilidad nos repatea, pero nos hace echar a andar. En Molino Lab están ya en el camino, y no sabemos si los defensores de la revuelta comunera estarían orgullosos de ellos, pero creemos que son, quizá sin saberlo, la continuación de sus pasos en un camino posiblemente infinito (y sin duda nada recto), que se alarga y se afina en cada generación y que tiene por horizonte inasible nada menos que la Libertad.

El equipo de Molino Lab

#MolinoLab #Autogestión #Autosuficiencia #SolarPunk #Agroecología #Comunidad #Experimentaciónrural

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