Saltar al contenido

Olla podrida entre los almendros. Vol.II

Tiempo de lectura: 4 min

Texto: Carmen Abril

Fotos: Lucía Burón (@lubca_)

Han pasado tres años, pero, por si alguien no se acuerda, la primera pieza audiovisual que produjo LPR fue una videoreceta. El estómago nos tira mucho, eso lo sabe cualquier lector de Pan y vino, y también -aunque nunca tanto como un buen puchero- nos tiran la historia y la literatura. La receta que escogimos en aquella ocasión, la olla podrida (para entender el nombre, leer el aquel artículo), pretendía ser un homenaje al Quijote, donde tuvimos noticia de este estrambótico plato (que sabe mejor que suena) por primera vez.  Coincidió que las andanzas de LPR dieron comienzo un 1 de marzo y que la celebración de este primer evento/rodaje sorprendió al campo castellano con una de sus mejores galas a punto de caramelo: los almendros en flor.

Así pues, olla podrida entre los almendros significaba para nosotras comenzar muchas cosas. Comenzar Pan y vino. Comenzar a producir nuestro propio contenido audiovisual. Comenzar a citar a gente en lugares extraños para hacer planes extraños, cosa que desde entonces no hemos parado de hacer. ..

Bueno, desde entonces literalmente no hemos parado en general y en el transcurrir de esos tres años han pasado millones de cosas y hemos pasado por millones de cosas, casi todas, muy buenas. 

Nos han ayudado con millones de cosas, también. Y por eso mismo, la idea de repetir la olla podrida, esta vez convidando a todxs nuestrxs colaboradorxs (en lugar de a nuestros amigxs para que hicieran de extras a cambio de un plato caliente, como en la primera), rondaba nuestras cabecitas humeantes todo este tiempo. Pero tenía que haber almendros, y la primavera (y la vida) siempre nos pillaba a contrapié. 

 

Este año, sin embargo, al fin pudo ocurrir. 

Teníamos las flores de almendro y teníamos la olla. Esta vez se trataba de una olla mucho más grande, que compramos para el primer castillo, y verdaderamente necesitábamos que lo fuese: la lista de lxs comensales, siendo la misma que la lista de lxs colaboradorxs de la revista, amenazaba con ser infinita. 

Le enviamos rigurosamente el mensaje difundido a unas 45 personas, que en realidad podrían haber sido muchas más. “Gracias por todo vuestro trabajo, colaboración y amor ¡¡venid a comer una olla podrida con nosotrxs!!” era básicamente el mensaje. 

Muchxs de ellxs no pudieron acudir, para nuestra desgracia, aunque también para nuestro alivio, pues no sabíamos muy bien donde íbamos a meter a toda esa gente (es broma, siempre terminamos por apañarnos) y el círculo quedó reducido a unos 25 comensales. Y digo círculo porque literalmente la comida se celebró en un corro, en medio de una plantación de almendros en flor, alrededor de una gigantesca olla podrida y con el único acomodo de unos tocones en el suelo. Pero chicx, qué os vamos a contar, cuando estás en buena compañía, el protocolo y la pompa están de más. 

Había una grandísima olla en el suelo, cuenquitos de cartón, mosto y agua para los que quisieran rebajar un poco el vino de las botas (que no paraban de levantarse) y sobretodo muchísima música, pero ahora vamos con eso.

Qué bien nos lo pasamos. Santi (Chachito cósmico) trajo aceitunas y vino hechos por su familia en el pueblo, los chicos de ABC Dueñas, su propio vino eldanense y un porrón, Carlos (aka Cavern studio) también trajo vino, igual que la grandísima Camino (nadie trajo refrescos ahora que lo pienso…). Sofi, de Tiedra de lavanda, pastas de Tiedra y sobretodo..¡licorcito de lavanda! Juan VG sobrasada de morcilla. Teníamos Pico Melero y cerveza Astromona, porque cómo no. César Príncipe bodegas nos había obsequiado con unas botellitas de Luna…probablemente me dejo aportaciones por el camino, que yo estaba muy pendiente de atender la olla, así que discúlpenme si así es, pero en términos generales todo el mundo trajo algo y lxs que no, se trajeron a sí mismxs, que era todo lo que se les pedía.

También hubo gente que en lugar de comida trajo algo -si me permiten- un poco mejor. ¡Miguel Sanchez Gonzalez y Los dulzaineros del Picozo trajeron música! Y no creáis que me refiero a una playlist preparada, una mesa de mezclas o un altavoz, trajeron sus instrumentos y sus voces (que en realidad son instrumentos también) y ojo, su memoria, porque esta gente se sabe todas las canciones de carrerilla. También su corazón porque para cantar así…pero, bueno, no me quiero poner cursi. 

Con la olla ya en los estómagos, tuvimos cerca de una hora y media de música en directo, de baile orquestado, de baile libre, de rito y tradición, de mamarracheo y de solemne cultura castellana. Qué bonito mirar alrededor y ver un montón de gente contentísima, bailando al sol entre flores, muriéndose de risa de sí mismos, dándose abrazos y pisotones (todo un poco Midsommar también, ahora que lo pienso). Me maravilla la fiesta popular como concepto. No hace falta nada.

 El altavoz, que venía soltando los pétalos de las flores hacía un rato con su retumbar quedó ahí, apagado, calladito un rato. Fiesta popular. La música pasa a ser la voz, el golpe, el soplido, los dedos. Y te pone a bailar a 25 personas con la misma fuerza que el incansable aparatito, ahora relegado al pie del almendro. Qué bien canta Miguel, qué ritmo tiene Santi bailando. ¡¡Cómo tocan Los dulzaineros del picozo!! (Qué mal bailamos el resto…). Qué bien nos lo pasamos. Por cierto no me perdonaría no hace una mención especial al hit de Camino, Gastroenteritis, que si bien no tradicional, es también muy especial y pone siempre a todo el mundo a dar palmas y a llorar de la risa.

Fue un gusto ver a Kike y Aurora juntos (¡se conocen por nosotras!); ver a Lucía trabajar como ella trabaja, como un hada que se va deslizando y sacando fotos que después…; ver a Corredera danzar por los campos que tanto dibuja, a Sofi disfrutar siempre la que más, a Diana bailar, a Pablo hacer reír al personal a carcajadas, a Víctor volando su dron, a Kush, a Blanca a Nerea, a Berbel, a todxs esxs amigxs que cuando toca se convierten en operarixs…Fue un gusto, de verdad.

Por muchas ollas podridas entre los almendros más. Os quiere (mucho), 

LPR