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Portada Castilviejo

Castilviejo: pintura poética, pasión castellana

Tiempo de lectura: 2 minutos

Poemas: Jorge Molinero

Pìnturas de Castilviejo cedidas por Galerías Rafael

6 pinturas y 7 poemas

toro embistiendo caballo

Que de la última gota de sangre nazca

un campo de extraño cereal que

no necesite agua para germinar.

Esta tierra mira al cielo

pidiendo acabar con la agonía. Cuando

destripada & vacía por los envites

de la inquina la desmemoria la vergüenza

dará cobijo la oquedad

del caballo blanco

a una nueva civilización donde

el fruto sea

para el que se mancha de tierra

las manos.

torero clavando banderines

Háblame de la belleza que

engalana la crueldad. La muerte

en una acuarela no huele a Farias.

Ay cobardía sin rostro en los tendidos.

Un hombre dibuja por encargo

la nuca herida de este mapa bastardo:

Castilviejo es un caballo de espuma

con una marca de espuelas 

mellando sus pinceles.

mujer desnuda bañándose barreño

El orgullo de aquella que abre la besana

para la siembra en este suelo ingrato

no cabe en el sencillo barreño en el que

se desprende del sudor con un poco

de agua tibia. Los sueños están hechos de adobe &

la esperanza es un nuevo desconchado en la pared.

Ninguna religión inventada habla

de una Colosa cuya espalda

soporta el mundo & su vientre

se deshace al alimentarlo.

campesinos con burro

CANCIÓN TRISTE DE UN AMARILLO QUE DUELE

 

Miramos al cielo: tan alto de tanto rogar

a un dios tullido que llueva maná & vino dulce

para la digestión de las crías. El futuro

es un invento del molinero

para especular con el grano y el pus

de la codicia. Panaderas

del pan duro echado a perder por el cornezuelo: 

hemos visto a un dios tullido

lamentarse que en esta tierra podrida 

se olvidan las raíces. Panaderas

de pan duro: dios tullido

acompaña el ritmo a cabezazos, maniatado

por la estupidez de quien ama la espiga &

desdeña la simiente. Triste

tierra que no escucha

el amargo silbido de un viento

siempre en contra [y sólo

se nos ocurrió escupir]

toro embestida caballo

UTOPÍA VIOLENTA

Nada permanecerá cuando sean polvo

nuestros huesos. Un baile

       de babas y heces

sobre la arena de bronce. Se ha de pintar

blanco el caballo que muere aunque

ennegrezca la piel del que se deja

el alma rompiendo la tierra. El crío

admira la fuerza del cuerno: el hombre que

ahora soy se sobrecoge con el arraigo

a la vida del que visten con harapos.

Nunca sabemos su nombre: su cadáver

intacto no sirve ni para trofeo.

pueblo desolado

Adobe: tierra robada al suelo y pisada con unos pies

encallados e irritados por la paja que se mezcla

con la tierra & el agua.

Asfixia de adobe y silencio roto sólo

por el bisbiseo de la viejas en el rezo.

Pueblo mío: agonía del vacío que engendra

un arrullo de sangre en la memoria.

El trigo se enrancia en una mueca de tristeza.

Pueblo mío: en cada lienzo apareces desangrado.

Cómo contarte amigo pintor que

en el reverso de tus cuadros hay ahora

unas niñas riendo que no conocen

el ocre de tu paleta y la palabra: herida.

Tenía la edad de mi hija. Mi padre un viejo

con los años que hoy tengo yo.

En la parte de atrás de un R18 recorriendo 

los amarillos 

las ventanas bajadas para sentir

el polvo opresivo de unos caminos de miseria.

Parar en cada palomar a fotografiarlo

con una Nikon fm2. Castilviejo

enseña a mi padre a encuadrar y los secretos

de la luz. Creo que nunca me he aburrido tanto

como en esos viajes.

Parar en cada puerta de madera sujetando

una ruina de barro & paja. Parar

en el bar de algún pueblo perdido a por

clarete fresco y un mosto para el niño.

Nunca había helado o cocacola.

Un boceto a carboncillo de una señora

que ponía la mesa a la muerte: a mi amigo Martín

con un abrazo. Aún siento el calor agobiante

de aquellas tardes de verano cuando escribo

a mi padre incapaz de resucitarlo.

 

Jorge Molinero