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Villalar 2024: fuimos, somos y seremos

Tiempo de lectura: 5 min

Carmen Abril Martín

En LPR, lo declaramos sin tapujos ni complejos, hemos sido de dos tipos de niñx castellanx: 

 

– Aquellxs a los que sus padres nunca llevaron a la campa de Villalar

– Aquellxs a los que sus padres llevaron, disfrazaron de diminutxs joterxs y, con el tiempo, renegaron de esa tradición impuesta que no entendían ni disfrutaban y terminaron pasando de la fecha.

Ahora, en LPR, somos un nuevo tipo de joven castellanx, que por suertes cada vez es más común: el que no se pierde un Villalar. (Y dentro de este tipo, dependiendo del niñx que fuimos, otros dos: el que va por primera vez y se maravilla, el que vuelve después de tanto tiempo y se maravilla.)

Aquellxs que, tímida y alegremente, vuelven a (o empiezan a)  tejer lazos con la tierra castellana, con sus hitos, con sus leyendas, con sus encuentros populares.

Y no hay un encuentro como Villalar. Al margen del hecho histórico –la batalla de Villalar, que contamos aquí– y del fascinante fenómeno político y cultural –la revolución comunera, que se cuenta increíblemente bien aquí– en este artículo queremos centrarnos en la reunión popular, en el encuentro, en el jolgorio reposado de la campa.

Aventuras la noche antes

Este era nuestro segundo año como revista, y la primera vez que teníamos el placer de ir la noche anterior a festejar en las carpas (sí, ¡hay fiesta en las carpas la noche anterior!), todo posible gracias a una de nuestras colaboradoras favoritas, La deve chacho. Resulta que su pueblo es Villalar -más castellana ella que naide- y que, generosísima, maíisima, nos la comemos, nos invitó como a 12 maleantes a pernoctar en su guarida. Para más inri, era su cumple (¡por un día no cumple en Villalar, sería ya el acabóse!), así que la obsequiamos con una bota personalizada que le hizo bastante ilusión. Te queremos, Lau. 

Después de dejar las cosas en tan lindo y comunal campamento base, caminamos hacia la campa. Atardecía, la luna rebrillaba en el cielo y las banderas castellanas culebreaban majestuosas por las calles de Villalar. De camino encontramos murales homenaje a Castilla, infografías homenaje a los comuneros, más banderas.

El CSJ, que es un grupo juvenil nuevo, alejado de partidos y sindicatos anteriores, independiente, muy saladxs ellxs, tenía una carpa en la que había organizado una fiesta que parecía diseñada para nosotras: Ana maes, Memocracia, El rey del pollo frito, Kush. También un par de djs chulísimas, creemos que de Burgos, SoZorras, que no conocíamos y nos encantaron porque se dedicaron a poner simplemente nuestros temas favoritos del momento.

Los conciertos

No vamos a dar mucho la turra porque la música además hay que vivirla en directo, pero de verdad que uf. Lo de Ana Maes es mucho, eh. Cómo canta, qué voz más fuerte, que registro más amplio, le da igual español que inglés, es pura salsa ella. Reflexiva, crítica, tierna, con una voz de soul…nunca la habíamos visto en directo y esta zamorana de adopción burgalesa se nos metió en el bolsillo, la verdad.

A quien tampoco habíamos tenido el gusto de ver en directo era Memocracia. Y eso que nos conocíamos, llevábamos en contacto un tiempo, hasta nos concedieron el honor de preestrenar el videoclip de GURI GURI -temón en colaboración con Ana Maes, precisamente, sobre el que se les entrevisto aquí en su día- y se habían venido a un par de castillos. Habíamos oído por ahí que su directo era una de las cosas que hay que ver antes de morir y confirmamos que ES ASÍ. ¡GUAO! el punk no está muerto, desde luego, no en Castilla. Qué guay, qué manera de tocar, de cantar escupiéndolo todo, saltando, rompiendo cuello…qué pasión. De verdad. Los temas de las canciones también afilados, apuntados directamente a la conciencia dormida. Muy muy muy duros. Además, por supuesto, Ana se subió al escenario y nos regalaron el Guri Guri en directo.

“Bueno, ya habéis oído cantar a los cantantes, ahora os va a cantar un fontanero” así se introducía a sí mismo El rey del pollo frito, Andresito, quien creemos que nunca sabe él mismo hasta qué punto está de broma y hasta qué punto no. Fontanero es. Lo que sí sabemos seguro es que es un corazón de melón y que con ese comentario, además de hacernos reír y de quitarse importancia, quería recalcar lo buenos que habían sido los dos conciertos anteriores.

Además se subió al escenario a La peste, un compañero de perrerias y raps vallisoletano que lo peto muchísimo. Andresito, como siempre, gamberro, enrollado, tirándose unos temones que son ya himnos de nuestra ciudad y solventando problemas técnicos con gracia y salero flamenkos. Alf, La peste y Andresito, un trío mágico al que, de divertidos que son, se les disfruta hasta con cacofonías de fondo.

Siguieron SoZorras que como ya dijimos nos dieron todo lo que nos apetece siempre bailar, desde Bad gya a Nerve agent…lo mejor de los dos mundos, ya sabéis.

Cerraba Kush, que formaba parte de nuestro campamento pirata en casa de la Deve. Y es que Kush es perfecto para un cierre, es impecable. El tío cuida sus sets e invierte en ellos (tiempo, dinero y mimo) y cuando está encima del escenario se le frunce un poco el ceño de pura concentración. Le queremos mucho y es un pedazo de dj como la copa de un pino.

Y a casita a dormir, que la verdadera fiesta era al día siguiente.

Nos despertamos y, después de mordisquear un desayuno y de hacernos un lavado de gato en el patio de la Deve, salimos de vuelta para la campa. Ahora brillaba un cielo turquesa y las calles bullían de personas expectantes y contentas. 

La campa

La campa. Es que qué sensación. Bueno, para empezar, decenas de MAKE CASTILLA COOL AGAIN sembradas por ahí. La sorpresa nos la llevamos el año pasado, este algo nos olíamos,pero aun así hace siempre muchísima ilusión.

Como el año pasado, pusimos en práctica nuestra venta de merchandising ambulante, que nos permite a la vez pasearnos de un lado para otro y no perdernos nada.

 Nos encontramos con la familia segoviana, DJ Garlim, Irene y compañía. Compartimos cañas, bocatas y alegría.

Un grupo de danzas castellanas integrado por mayores y pequeñxs hace su magia en el escenario principal. En las carpas, gente. A lo largo y ancho de la explanada, gente. Bueno, gente castellana. Revestidxs con trajes tradicionales, cómodxs con ropa de pasear, acompañadxs de sus perros, portando banderas gigantes, camisetas emblema…Todo el mundo viene a decir algo en Villalar, viene a decir, a través de su vestimenta “yo esta fecha la entiendo así” (nos gustó mucho una que reivindicaba la unión ibérica).

Puestecitos adorables. Un navajero, un curtidor, un quesero especializado en queso de burra, una caravana de torreznos venida (cómo no) desde Soria…grupos de dulzaineros por aquí y por allá, a su bola, juntándose en corro para tocar. Grupos de personas sentadas, disfrutando el sol, el ambiente, la algarabía, desde otra perspectiva. Comiendo bocatas, comiendo paellas en tupper, compartiéndolo todo.

Actuó de Delameseta, actuó El nido, actuó Guille Jové…y todos fueron bolos espectaculares, de los que te encienden el corazón y te lo dejan calentito. Proyectos  jóvenes, castellanos, de raíz, cargados de significado, de identidad, de voluntad aunadora y de celebrar la tierra…qué bonito disfrutarlos.

En los viajes al coche a reponer camisetas, además, teniamos tiempo de disfrutar del Anti-Villalar,. Es broma, en realidad el parking de Villalar no es una anticampa, sino que es una campa alternativa. Mucho más familiar, casera y traquila. La gente monta sus tenderetes y está ahí como si estuviera en la puerta de su casa tomando la fresca, o en la playa, en torno a una mesita plegable con viandas varias. Su chorizo, su tortilla, su licorcito café. Y sobretodo sobretodo, su música. En el parkineo de Villalar se hace casi tanta música como dentro de la campa. Se juntan lxs viejxs amigxs. Algunx le deja a un nietx el tamboril. Otrxs sólo escuchan, satisfechxs, con el sol sobre la tela del niqui, ayudándoles a hacer la digestión. Disfrutando un año más de ser quien son, de ser castellanos. 

Cuando nos toque, queremos ser como ellxs.

En LPR hemos sido de esos dos tipos de niñxs -a lxs que les llevan a la campa y a lxs que no- y somos ese tipo de joven que vuelve y lo disfruta y se empapa de grupos jóvenes y baila pisando fuerte el suelo. Y tenemos muy claro qué tipo de señores queremos ser en el futuro. Queremos ser parkineros de Villalar.